No pretendas que las cosas ocurran como tú quieres. Desea, más bien, que se produzcan tal como se producen, y serás feliz.
Enero 7, 2008
Enero 5, 2008
Queridos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor.
1 Jn 4, 7- 8

En el pasaje bíblico que hemos leído, San Juan resume en pocas palabras lo esencial de la vida cristiana. Nos dice, que sólo el que ama puede decir que está en una relación auténtica con Dios. El resto no son más que palabras en el aire; como dice San Pablo, es como un címbalo que resuena pero que no transmite nada.
El amor en el Nuevo Testamento no es un sentimiento caluroso dentro nuestro, sino una manera concreta de vivir con los demás, día tras día. Retomando la bella expresión de la Carta de Cochabamba, consiste en una amistad compartida con todos.
Muchos creyentes dan testimonio de bondad y compasión en su relación con los demás, pero, ¿cómo es posible que nuestras iglesias y comunidades vivan tan a menudo en una actitud de indiferencia recíproca, incluso de competencia, cuando Jesús nos los dice con todas las letras: Es por vuestro amor que os reconocerán mís discípulos?.
No se trata de juzgar a cualquiera, ni de criticar las instituciones que están hechas de seres humanos como nosotros; de hecho, nadie a partir de sus propias fuerzas, es capaz de amar como Jesús nos los pide.
Para amar de verdad, hay un sólo camino: acoger el amor de Jesucristo, Él que se dio por nosotros hasta la muerte y que resucitado, nos comunica el amor de Dios en persona, el Espíritu Santo.
¿Tendremos miedo que la búsqueda de unidad entre creyentes, sea en detrimento de la verdad de Cristo y su Evangelio? Al contrario, San Juan nos dice que sólo amando podemos conocer la verdad de Dios, porque Dios es amor.
Sólo una vida de comunión nos abre a todas las dimensiones de la verdad; nuestra experiencia en Taizé nos lo confirma. Es yendo todos juntos a las fuentes de la fe, que descubrimos la plenitud de lo que Jesús nos ha revelado de Dios y de nuestra condición humana.
Con el fin de que podamos restaurar la belleza atrayente de la Iglesia de Cristo, dejemos atrás nuestras peleas mezquinas, que no sirven sino para justificar una identidad contra la otra, y hagamos más a menudo lo que estamos haciendo ahora, reunirnos en torno al Señor, en una oración hecha de alabanza, de silencio y de escucha de la Palabra.
Si nos volvemos buscadores apasionados de comunión, cerca y lejos, veremos que una esperanza se levanta para muchos, en un periodo donde hace mucha falta.
Nos toca a nosotros dar testimonio con nuestra vida; que la noción de un sola familia humana, no es una simple utopía, sino que es una realidad que mana de nuestra fe en Jesús, que vino a mostrarnos, que la verdadera felicidad se encuentra en una existencia para y con los demás, que se llama AMOR.
Ginebra- 31 de Diciembre de 2007
Enero 3, 2008
Durante el Encuentro Europeo de Taizé en Ginebra, después de las oraciones de mediodía, uno de los hermanos compartía unas cuantas palabras, a cerca de la lectura leída, y por la noche, era el H. Alois, el que se acercaba a todos los jóvenes de forma muy sencilla.
En dos entradas, os dejaré el comentario a las lecturas, y en la web de Taizé, podéis encontrar las palabras que dijo el H. Alois cada noche.

Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda.
Mt 5, 23- 24
En la oración común Dios nos acoge, dice Jesús. Quiere decir, estamos en presencia de Dios. Si te acuerdas que tu hermano tiene algo contra tí, deja todo y ve primero a reconciliarte.
La paz de la oración no nos anestesia; la Palabra de Jesús nos remueve. Ella nos anima incluso, a poder sobrepasar recuerdos difíciles. Si recuerdas que tu hermano tiene algo contra tí, la paz de la oración es para olvidarnos de las tensiones, conflictos o las situaciones de injusticias.
Un recuerdo difícil que puede venirnos en la oración puede ser, por ejemplo, una palabra o gesto que me han lastimado, puede ser también, que me de cuenta que soy yo la causa real o imaginaria, del sufrimiento de otra persona, que alguien tenga algo contra mí, como dice Jesús.
El Evangelio nos llama a atrevernos, poder mirar frente a frente esa situación. Para dar un primer paso hacia la reconciliación, no es necesario hacer largos preparativos. Jesús nos dice, incluso, que no es necesario primero presentar nuestra ofrenda. No es necesario terminar bien nuestra oración, sino que Él nos dice: deja ahí tu ofrenda y ve ahora, tal y como tú eres; puedes ir y reconciliarte con tu hermano.
Pero, ¿porqué esta urgencia de la reconciliación? ¿Porqué Jesús es tan categórico? Esto es porque Dios es paz. Buscar a Dios y buscar la paz es la misma cosa. Es por esto que el Evangelio nos llama a dar la prioridad de la reconciliación. Jesús nos llama a compremeternos y luchar con un corazón reconciliado.
Una última cosa para avanzar en el camino de la reconciliación: es preciso renunciar a hacerse preguntas, si quizá no sería el otro el que debería dar un primer paso.
Jesús no nos dice, intenta saber quién tenía la culpa o quién tenía razón. Jesús nos dice: Ve ahora, reconcíliate.
Porque es así que Dios también actúa con nosotros, sin poner condiciones; Él es quien primero viene a nuestro encuentro.
Ginebra- 29 de Diciembre de 2007
Diciembre 25, 2007
Diciembre 22, 2007
Desde hace ya unos años, me gusta escuchar un programa de radio de deportes, Carrusel Deportivo, no sólo porque me gustan los deportes, sino porque es una forma de desconectar, divertirme y reirme mucho.
El equipo que realiza este programa ha grabado un villancico para felicitar la Navidad a todos sus oyentes. Es gracioso y divertido, por eso os lo dejo aquí.
Diciembre 12, 2007
Por eso yo voy a seducirla;
la llevaré al desierto
y hablaré a su corazón.
Os 2, 16
El domingo pasado en la homilía de la Eucaristía, el sacerdote estuvo hablando de algo que me tocó por dentro. Como Dios se hace presente en el desierto de cada uno…ese es Su lugar favorito para hablar al corazón…
Ese día recordé una canción de Almudena que me gusta especialmente. A veces ese desierto es duro, pero casi siempre descubres que es Él el que te sostiene en la sed, el que te da agua para beber, el que te saca de ahí, de tu miseria y te lleva a una Tierra nueva.
TIERRA- Almudena
Tierra, que llora de noche y de dia,
Buscando ver al hombre en sus brazos imaginando ser amada por él, amada por él.
Sigue la tierra soñando con miles de bosques crecer,
Con aguas que caen de las fuentes ensalzando el color de las flores,
Bailan una danza de amor con el hombre al compás del aire,
Nos llevas y yo recordando como era antes.
Es el desierto el lugar preferido, para mostrar al hombre su alma
Y decirle en el silencio…¡cuánto lo ama!
Cual es el precio que paga la vida por no haber conciencia y vivir
Vagando perdida en absurdos caídas, no sale de su existir
Quién bailara esa danza de amor al compás del aire
Sigue la tierra esperando que alguien la abrace
Tierra q llora de noche y de dia,
buscando ver al hombre en sus brazo imaginando ser amada por él, amada por él.
Diciembre 10, 2007

Todos los años desde 1974, a finales de año, el prior de la Comunidad de Taizé escribe una carta dirigida a los jóvenes, que se empieza a trabajar en el Encuentro Europeo de fin de año y durante todo los encuentros en Taizé.
Este año el H. Alois escribió la carta a partir del Encuentro de Cochabamba que se celebró en Bolivia a comienzos del mes de Octubre. En ella nos invita a una reconciliación, a buscar y mostrar con nuestras vidas caminos de confianza, a ser capaces de perdonar de corazón, de dar la vida como Jesús la dio, a permanecer al lado del que lo necesita, a ser signo vivo de esa comunión…
El Evangelio nos invita a dar el primer paso para ir hacia el otro sin estar seguros con antelación de una reciprocidad.
En ciertas situaciones, en particular después de rupturas afectivas, la reconciliación puede parecer inalcanzable. Sepamos entonces que el deseo de una reconciliación es ya su comienzo. Cristo toma sobre sí lo que parece sin salida y nosotros podemos confiarle eso que necesita una curación.(…)
¿Iremos hasta el perdón? ¿Hay otro modo de interrumpir la cadena que hace perdurar las humillaciones? No se trata de olvidar un pasado doloroso, ni de estar ciegos ante situaciones actuales de injusticia. Pero el Evangelio nos llama a superar por el perdón la memoria de las heridas e incluso a ir más allá de nuestra espera de un gesto recíproco. Allí encontramos la libertad de los hijos de Dios. Sí, quisiéramos luchar con un corazón reconciliado, ser buscadores apasionados de comunión, capaces de ensanchar a todos nuestra amistad.
Si quieres leer completa esta carta o descargártela, puedes hacerlo desde la página de Taizé o directamente desde aquí.
Diciembre 8, 2007

Y cómo os diría yo
lo que un ángel desbarata?
Fue como tener seguras
las paredes de la casa
y en un vendaval sin ruido
ver que el techo se levanta
y entra Dios hasta la alcoba
diciendo:
– Llena de gracia,
no me levantes paredes
ni pongas muro a tu casa,
que por entrar en tu historia
me salto yo las murallas.
Si virgen, vas a ser madre,
si esposa, mi enamorada,
si libre, por libre quiero
que digas: “he aquí la esclava”.
– He aquí la esclava, le dije.
Y se quedó mi palabra
sencilla, sencillamente
en el aire arrodillada.
Diciembre 4, 2007
Vosotros pues, orad así: Padre Nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre, venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.
Mt 6, 9- 13
Sencillamente entrañable
Diciembre 2, 2007
Hablar es cosa fácil, no así el escuchar.
Sin duda por eso nos dio el Señor dos orejas pero sólo una lengua. Oir como quien oye llover. Oía campanas sin saber de dónde, también resulta sencillo. No así lo de escuchar.
Ponerse a la escucha de alguien es, en primer lugar, rechazar todo lo que puede distraer nuestros oídos, nuestra mente, nuestro espíritu.
Escuchar es acallar los tumultos interiores, apartar las fascinaciones de exterior, alejar las interferencias que dispersan la atención y distorsionan la palabra que el otro me dirige.
Escuchar es hacer un silencio lo suficientemente denso como para que yo grite desde él: ¡Ahora tú eres mi centro! ¡Mi meta! ¡Mi carrera me lleva únicamente a ti!
Ponerse a la escucha de alguien es apartar la mirada de uno mismo y volverse hacia el otro, llegar al cara a cara, como diciendo: ¡Aquí estoy! ¡No existe para mí ningún otro interés! ¡Estoy listo para percibir hasta el susurro de tu palabra!
Escuchar equivale a acoger. A abrir de par en par todas las puertas tras de las que uno se guarda. A derribar tanta alambrada y frontera tras de las que nos parapetamos.
Escuchar a alguien es descuidarme a mí y preferir al otro. Es preferir al que está ahí, ante mí; y acogerlo con su saco atestado de ropa más o menos limpia, pero que es la suya. Es aceptar que entre en mí, es recibir al otro, con sus sueños y sus deseos; con sus gustos y disgustos; con sus filias y sus fobias.
Es prever que va a desordenar los estantes tan cuidadosamente ordenados de mi existencia; es cederle el sitio; es ofrecerle las llaves de la casa, como diciéndole: “Tu presencia me lo va a poner todo patas arriba; pero corro el riesgo: ¡te escucho! ¡Las palabras que me digas serán para mí, espíritu y vida”.

Adviento es el tiempo de la escucha porque es el tiempo en el que, lentamente, asimilamos esa Palabra que ha venido a habitar entre nosotros. Adviento es el tiempo en el que todos los que escuchan la Palabra aprenden a cambiar sus tinieblas en claridad. El tiempo en el que, poniéndose a su escucha, se arriesgan a hacer un camino hacia la luz.
Adviento es el tiempo en el que los hombres escuchan al Señor por el altavoz de cada prójimo. Es cuando todo lo que endurece los corazones se derrite ante el calor del Evangelio. Es cuando saltan a la boca de uno palabras nuevas y al corazón de uno sentimientos nuevos y a la conducta de uno actitudes nuevas… Así nace el Otro en uno. Por eso, porque…
¡Adviento es tiempo de nacer!






