En la noche, en el tiempo de las confidencias, en una cena, “la que recrea y enamora”, Jesús abre su pecho, da su pecho, da su amor y lo reparte. “Allí nos dio su pecho”, dirá san Juan de la Cruz.
Un poco de pan, un poco de vino… Lo de Jesús siempre fue pequeño. Un grano de mostaza, un poco de sal, una nube, la lluvia, una mujer que toca el manto de Jesús por detrás porque tenía vergüenza… Lo de Jesús siempre fue lo pequeño y los pequeños, los enfermos, los que sufren injusticia. Jesús tiene en las manos un pan y un poco de vida, tiene en sus manos la capacidad para entregar su vida para dar la vida al mundo.
Jesús había acariciado celebrar con los suyos una cena. ¡Cuánto lo había deseado! Antes de cargar con la cruz había soñado cenar con los suyos y decirles de nuevo el amor. Nada de lo que ocurre en esa noche de la Cena es improvisado; todo se ha preparado cuidadosamente en el corazón. La oración de vigilia de Jesús, en tantas noches de encuentro con el Abbá, ha ido preparando su corazón para partir el pan, su vida, y repartirlo.
La vida no es meramente una serie de accidentes o coincidencias sin sentido, sino más bien, un tapiz de acontecimientos que culminan con un plan exquisito y sublime.
Nunca pensé que llegaría
Nunca creí en ese momento
Te cambia la vida
Sin que tengas nada para seguirla…
Te cambia y no piensas
En lo que te olvidasY te despiertas un buen día
Lo ves todo al revés
Miras atrás ves tu camino
El que hicieron tus pies…Y mandas besos para todos
Los que volverás a ver
Tantos recuerdos enlatados
En fotos de carné
En lágrimas de ayer
En todos los momentos que a tu lado
Yo esperé…
Que cuando me vaya
No caiga una lágrima por mí
Que sólo quede la amistad…
Tantos sueños que recordar…
Que cuando me vaya
Y coja ese tren una vez más
Y ya no entre por mi ventana
Ese dulce olor a sal…
Que cuando me vaya… de aquí
De mi tierra, de mi gente
De mi tierra, la que me vió nacer
La que me vió crecer, la que me vió ganar
Y me enseñó a perder
A raíz de una entrada en el blog de Álex, sobre las opciones que debemos tomar a lo largo de nuestra vida, he descubierto en el blog de otro amigo, un cuentecillo que me ha gustado mucho.
MIEDO A DECIDIRSE
«Una vez pude observar cómo una niña pequeña sufría al tener que escoger entre dos muñecas en una tienda de juguetes. Su madre le había dicho bien claro: “Una de las dos; la que tú escojas”. eso comenzaba por crearle a la niña un problema de lógica. Los niños no entienden fácilmente la construcción disyuntiva. Entienden perfectamente “los dos” o “ninguno de los dos”, pero “uno u otro” no les entra fácil. Esa misma dificultad lingüística puede muy bien que sea resultado y reflejo de la resistencia escoger, a tener que dejar algo, con que todos nacemos. Aquella niña puso en acción lo de “ambas muñecas” cogiendo una debajo de cada brazo y demostrando así convincentemente que podía llevarse las dos; y cuando su madre la paró con un gesto que no dejaba lugar a dudas, ella puso en acción “ninguna de las dos”, dejándolas caer al suelo y saliendo solemnemente de la tienda con cara de mujer ofendida. Cuando su madre volvió a pararla y le explicó pacientemente que mejor era una muñeca que ninguna, la niña se volvió resignada y cogió por fin una de las dos. Se la envolvieron, se la entregaron y se la llevó abrazada contra el pecho. Al marcharse se volvió a mirar por última vez a la muñeca que se quedaba abandonada en la tienda, y se me antojó ver un destello de pena y remordimiento en la mirada de la niña que se separaba de la muñeca que quedaba atrás. Su madre la tomó de la mano, y estaban ya saliendo de la tienda cuando la pequeña hizo algo tan inesperado como bello. Se desprendió de la mano de su madre, volvió corriendo al mostrador donde aún estaba la muñeca segundona en la resignación de su abandono, le dio un beso y volvió corriendo a cogerse de la mano de su madre. En aquel beso estaba todo el dolor, la pena, la impotencia y la agonía de la opción imposible. Una pequeña niña encantadora comenzaba a aprender lo difícil que es escoger».
Buscando unos papeles de hace años, he encontrado un recorte de revista que me ha encantado.
Recuerdo cuando vi en el cine “Blancanieves y los siete enanitos”. Era un microbio, y no paré de pedirle cosas a mi hermana mayor que me llevó al cine. Siempre he tenido especial debilidad por estos personajillos tan graciosos y entrañables, que marcaron una parte de mi infancia.
Cada uno de ellos es especial, pero igual de valioso. ¿Nunca te has sentido identificado por uno de ellos? Puedes intentarlo ahora…
1. SABIO
Todo lo sabe y se encarga de organizar el trabajo que tendrá que hacer cada uno. Cualquiera recurre a él cuando hay problemas y deben tomar decisiones. Por su gran sabiduría es el mayor y al que todos quieren escuchar.
ASÍ ERES… Decidido y buen organizador. Se te puede encargar cualquier cosa, pues te haces responsable y cumples con lo que se espera de tí. Siempre cuentan contigo y no te permiten ningún fallo. No sabes decir no; quieres tener contentos a todos.
2. MOCOSO
Abstraído en sus cosas, ausente. Es su estado de ánimo general, por eso sus compañeros están siempre pendientes de él, le atienden y le protegen. Mocoso es el más pequeño de estos siete simpáticos personajes. Además, no protesta jamás por nada.
ASÍ ERES… Si has elegido a este personaje, casi con toda seguridad eres una de esas personas que sabe más de lo que verdaderamente muestra a los demás. Quieres que los otros crean que eres despitado, que no te enteras bien de las cosas, pero lo que en realidad te gustaría es pasar inadvertido, no llamar la atención, ser importante pero no necesario en ningún momento. Sin duda, lo que más valoras es tu independencia. No temes estar solo y en bastantes ocasiones incluso lo buscas.
3. MUDITO
Observa y escucha con verdadera ternura lo que los demás hacen y dicen; siempre va el último de la fila. Pone mucha atención a los consejos que le dan, no se queja por nada y ríe por todo. En el fondo le basta con sus amigos.
ASÍ ERES… Para tí, la gente es un espejo donde mirarte; quieres ser como los demás, una imagen de ellos. El problema es que sólo te sientes seguro cuando te rodeas de la gente que te quiere y cuando te dicen lo que debes hacer en todo momento. Eres muy poco hablador, porque crees que esas personas que te quieren ya saben lo que te pasa, lo adivinan, que entre ellos y tú las palabras no son en absoluto necesarias. Pero esto es imposible y, como ya habrás notado, te crea serios problemas en tus relaciones.
4. GRUÑÓN
Es una pesadilla, siempre viendo la parte negativa de las cosas. Nada le parece bien, se queja de todo…, es el constante insatisfecho que ve problemas donde no los hay.
ASÍ ERES…Tu frase preferida es “piensa mal y acertarás”. Esa es tu forma de estar en el mundo. Eres muy precavido y desconfiado. Si te salen bien las cosas te sorprendes y esperas que alguna desgracia tendrá que venirte. Que lo bueno no te puede pasar a tí. En las desgracias te mueves como pez en el agua, pero cuando algo positivo te ocurre, no sabes qué hacer.
5. ROMÁNTICO
La cara idealista y soñadora, Romántico es el contrapunto de Gruñón. A todo le encuentra una explicación si se trata de amor y amistad. Le gusta contemplar la naturaleza, escaparse de la realidad.
ASÍ ERES… Vives en un mundo de película; lo mismo haces un drama por algo que no tiene la menor importancia que estallas de alegría. Tus estados de ánimo son muy cambiantes y eso es lo que hace que la gente no sepa a qué atenerse contigo. Tienes una gran capacidad de invención y mucha creatividad, por eso nada de lo que te rodea es aburrido o rutinario. Tus propuestas son siempre sorprendentes.
6. FELIZ
Capaz de comprender lo que les pasa a todos, siempre encuentra alguna forma de justificar lo que hacen. Cumplen con lo que le mandan sin cuestionarse si está o no de acuerdo. Es un gran colaborador y amigo de sus amigos.
ASÍ ERES… Lo que se llama un “abogado de pleitos pobres”, la persona ideal para mediar en todos los conflictos siendo capaz de ponerse a favor de todas las partes, pero sin tomar partido por ninguna. Eres excesivamente comprensivo, pues, aunque algo te moleste, prefieres callar a enfrentarte para defender tus ideas y valores.
7. DORMILÓN
Para el entrañable Dormilón la vida, literalmente, es sueño; siempre es demasiado pronto para levantarse. Si de él dependiera, se pasaría el día entero durmiendo, tumbado, soñando…Por esta razón, cuando él empieza a despertarse es cuando sus seis compañeros ya están a punto de salir a trabajar, y, como es lógico, siempre tienen que esperarle…lo que siempre le causa más de una pequeña regañina.
ASÍ ERES…Ante todo, amas las comodidad, las pequeñas cosas que te ofrece la vida sin hacer demasiad esfuerzo. No estás de acuerdo con que lo mejor es lo que más cuesta. La palabra sacrificio no existe para tí. De igual modo te comportas con los demás; no eres exigente y facilitas que cada cual elija lo que más le gusta.
Ayer llegó a mis manos este texto que me hizo plantearme muchas cosas. Para que el pasado no sólo se quede en un simple recuerdo o en la añoranza de lo que tuvimos, sino para que nos ayude a cargar nuestra maleta de nombres, momentos, ilusiones, esperanzas…y a vivir el camino que el futuro nos depara.
Mi equipaje se llena en este momento de rostros, de momentos felices, de lágrimas, de agradecimiento, de experiencias, de llenarme de todo lo que se me regala, de ilusiones, de descubrimientos, de Dios y de tí. Gracias por formar parte de mi equipaje.
Te invito a leer despacio estas palabras; a dibujar en tu mente y en tu corazón esos recuerdos que forman la vida que hoy tienes, a descubrir y formular tu equipaje, tus momentos, tu gente, tus experiencias…
Hay días en que miro atrás y descubro que voy acumulando recuerdos. Y si esto pasa cuando uno es joven, qué no será a los ochenta… Supongo que en cierta medida empezamos a ser adultos cuando podemos mirar atrás, y vamos teniendo memorias; empezamos a sentir que hay heridas (unas bien cicatrizadas, otras que aún escuecen); que hay situaciones divertidas que, al evocarse, no pueden menos que suscitar una sonrisa; que hay rostros que en algún momento fueron tan cercanos y ahora se desdibujan un poco, pero aún me hacen vibrar. Entonces palabras como gratitud, arrepentimiento, olvido, nostalgia, madurez, historia, empiezan a cobrar sentido…
Es hermoso este tiempo en el que los recuerdos aún no pesan, pero ya son reales. Es muy hermoso el saber que uno va cargando las “maletas” con un equipaje que incluye nombres, abrazos, errores, lecciones, perdones, fracasos y éxitos, caricias, opciones, luchas, oraciones, dudas, pequeñas historias que va entretejiendo una historia grande. Es hermosos saber que en mi vida hay todavía tanto por escribir, y al tiempo empieza a haber algo ya escrito, que me convierte en quien soy, una persona única, distinta, especial, con mis virtudes y mis defectos, mis manías y mis encantos, parte de mi mundo grande.
La vida es tan rápida… Cada cosa, cada imagen, cada palabra, es fugaz, presente, efímera. La moda cambia. Las imágenes se van. Hoy se vende una cosa y mañana otra. Hoy es actual un personaje que mañana está en el olvido. Por eso es muy importante para cada uno saber qué permanece en su vida: quiénes son “tus gentes”, esos nombres que da igual dónde estés, sabes que son parte de ti. Esas personas con quienes te unen vínculos fuertes. Y es importante no olvidar los caminos recorridos; los momentos en los que has sido feliz, sin trabas, sin nubes en el horizonte, los momentos en que has reído con ganas, con franqueza; y los momentos en los que has llorado, por las cosas que te importaban; es importante aprender de los errores que has cometido, y si has hecho daño a alguien. Las heridas que has infligido y las que te han marcado a ti. Todo eso es parte de ti.
La memoria no ha de ser una losa que nos llene de tristezas o nos ancle en el pasado. Es parte (sólo parte) de quién soy hoy. Es comprensible acarrear un poco de nostalgia, si nos recuerda que en nuestra vida ha habido algo bueno, pero no si nos lleva a sumirnos en llanto por lo que ya no está. El pasado está ahí para hacerme fuerte, no inútil. Para hacerme libre, no esclavo. Para darme vida en los momentos de fatiga. Para mostrarme un horizonte que se abre siempre hacia el futuro. Para recordarme que los caminos no se detienen, no todavía. Que los caminos se entrecruzan, se separan, serpentean, y me descubren siempre nuevas sorpresas, nuevos caminantes, obstáculos y recodos, lugares confortables donde descansar, que hay jornadas de cansancio y otras de reposo, que hay tormentas y luego sol. Y allá sigo, caminando, con mi equipaje ligero pero valioso, con tantos nombres que se siguen uniendo al mío.
Dame tu tristeza, que yo la lloraré,
arranca la pintura que sobra en tu pared y se irán,
se irán las manos que te quieren atar
se irán los años llenos de soledad
se irán las horas que no quieren cambiar
se irán las voces en el cuarto de atrás,
sal,
Sal a la calle, el mundo se abrirá,
sal, devuélvete las ganas de amar
sal, regálate otra vez la vida,
sal.
Dame tu silencio que yo lo gritaré,
saca tu dulzura del molde de tu piel y se irán,
se irán las manos que te quieren atar
se irán los años llenos de soledad
se irán las horas que no quieren cambiar
se irán las voces en el cuarto de atrás,
sal,
Sal a la calle, el mundo se abrirá,
sal, vivir es mucho más que respirar
sal, regálate otra vez la vida,
sal.
Quiérete para querer
y todo lo que te hunde se irá
se irán…
Queridos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor.
1 Jn 4, 7- 8
En el pasaje bíblico que hemos leído, San Juan resume en pocas palabras lo esencial de la vida cristiana. Nos dice, que sólo el que ama puede decir que está en una relación auténtica con Dios. El resto no son más que palabras en el aire; como dice San Pablo, es como un címbalo que resuena pero que no transmite nada.
El amor en el Nuevo Testamento no es un sentimiento caluroso dentro nuestro, sino una manera concreta de vivir con los demás, día tras día. Retomando la bella expresión de la Carta de Cochabamba, consiste en una amistad compartida con todos.
Muchos creyentes dan testimonio de bondad y compasión en su relación con los demás, pero, ¿cómo es posible que nuestras iglesias y comunidades vivan tan a menudo en una actitud de indiferencia recíproca, incluso de competencia, cuando Jesús nos los dice con todas las letras: Es por vuestro amor que os reconocerán mís discípulos?.
No se trata de juzgar a cualquiera, ni de criticar las instituciones que están hechas de seres humanos como nosotros; de hecho, nadie a partir de sus propias fuerzas, es capaz de amar como Jesús nos los pide.
Para amar de verdad, hay un sólo camino: acoger el amor de Jesucristo, Él que se dio por nosotros hasta la muerte y que resucitado, nos comunica el amor de Dios en persona, el Espíritu Santo.
¿Tendremos miedo que la búsqueda de unidad entre creyentes, sea en detrimento de la verdad de Cristo y su Evangelio? Al contrario, San Juan nos dice que sólo amando podemos conocer la verdad de Dios, porque Dios es amor.
Sólo una vida de comunión nos abre a todas las dimensiones de la verdad; nuestra experiencia en Taizé nos lo confirma. Es yendo todos juntos a las fuentes de la fe, que descubrimos la plenitud de lo que Jesús nos ha revelado de Dios y de nuestra condición humana.
Con el fin de que podamos restaurar la belleza atrayente de la Iglesia de Cristo, dejemos atrás nuestras peleas mezquinas, que no sirven sino para justificar una identidad contra la otra, y hagamos más a menudo lo que estamos haciendo ahora, reunirnos en torno al Señor, en una oración hecha de alabanza, de silencio y de escucha de la Palabra.
Si nos volvemos buscadores apasionados de comunión, cerca y lejos, veremos que una esperanza se levanta para muchos, en un periodo donde hace mucha falta.
Nos toca a nosotros dar testimonio con nuestra vida; que la noción de un sola familia humana, no es una simple utopía, sino que es una realidad que mana de nuestra fe en Jesús, que vino a mostrarnos, que la verdadera felicidad se encuentra en una existencia para y con los demás, que se llama AMOR.
Durante el Encuentro Europeo de Taizé en Ginebra, después de las oraciones de mediodía, uno de los hermanos compartía unas cuantas palabras, a cerca de la lectura leída, y por la noche, era el H. Alois, el que se acercaba a todos los jóvenes de forma muy sencilla.
En dos entradas, os dejaré el comentario a las lecturas, y en la web de Taizé, podéis encontrar las palabras que dijo el H. Alois cada noche.
Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda.
Mt 5, 23- 24
En la oración común Dios nos acoge, dice Jesús. Quiere decir, estamos en presencia de Dios. Si te acuerdas que tu hermano tiene algo contra tí, deja todo y ve primero a reconciliarte.
La paz de la oración no nos anestesia; la Palabra de Jesús nos remueve. Ella nos anima incluso, a poder sobrepasar recuerdos difíciles. Si recuerdas que tu hermano tiene algo contra tí, la paz de la oración es para olvidarnos de las tensiones, conflictos o las situaciones de injusticias.
Un recuerdo difícil que puede venirnos en la oración puede ser, por ejemplo, una palabra o gesto que me han lastimado, puede ser también, que me de cuenta que soy yo la causa real o imaginaria, del sufrimiento de otra persona, que alguien tenga algo contra mí, como dice Jesús.
El Evangelio nos llama a atrevernos, poder mirar frente a frente esa situación. Para dar un primer paso hacia la reconciliación, no es necesario hacer largos preparativos. Jesús nos dice, incluso, que no es necesario primero presentar nuestra ofrenda. No es necesario terminar bien nuestra oración, sino que Él nos dice: deja ahí tu ofrenda y ve ahora, tal y como tú eres; puedes ir y reconciliarte con tu hermano.
Pero, ¿porqué esta urgencia de la reconciliación? ¿Porqué Jesús es tan categórico? Esto es porque Dios es paz. Buscar a Dios y buscar la paz es la misma cosa. Es por esto que el Evangelio nos llama a dar la prioridad de la reconciliación. Jesús nos llama a compremeternos y luchar con un corazón reconciliado.
Una última cosa para avanzar en el camino de la reconciliación: es preciso renunciar a hacerse preguntas, si quizá no sería el otro el que debería dar un primer paso.
Jesús no nos dice, intenta saber quién tenía la culpa o quién tenía razón. Jesús nos dice: Ve ahora, reconcíliate.
Porque es así que Dios también actúa con nosotros, sin poner condiciones; Él es quien primero viene a nuestro encuentro.
Bienvenido. Me llamo María, y con este blog quiero compartir todo lo que soy y lo que tengo, porque todo es don de Dios, y como gratis lo he recibido, así quiero darlo.
Ojalá pueda ser instrumento para tí.