Leía esta mañana en el trabajo, un capítulo de un libro en el que hablaba de la mirada. De cómo usar la mirada. Y me gustaba especialmente, porque en mi vida, en mis relaciones, en mis amigos, en la gente con la que trato día a día, trato de buscar esa mirada, que siempre dice tanto.
Mirar a los ojos a la persona con la que te encuentras, con la que hablas, con la que te sientas a escuchar, puede hacer que las palabras desaparezcan y que la conversación surja únicamente con los ojos.

Dice este texto del que os hablo, que “quien maneja bien el arte de escuchar y comunicar con la mirada, es capaz de reconstruir a una persona hundida, de hacerla sentir digna de respeto y consideración: valiosa por lo que dice y por lo que no dice, valiosa en sí misma.

Cuántas veces bajamos la mirada cuando nos sentimos intimidados, cuando sentimos que la otra persona está queriendo ver más allá de lo que nosotros queremos mostrarles, cuántos cruces de mirada sin querer profundizar…

ojos2

Dicen que si la cara es el espejo del alma, los ojos seguro que lo son del corazón. “Son capaces de decir y dar lo mejor, capaces de acoger y recibir lo mejor y en la mejor disposición“.
Mi experiencia es la de mirar a los ojos con serenidad, con confianza, con respeto a la otra persona…y recientemente he tenido la experiencia de encontrarme con la mirada de otra persona, y decirnos muchas cosas sin hablar, y sin apenas conocernos.

Eso sí, la mirada implica encontrarte con todo el ser de la otra persona, lo más bello y lo más vulnerable, y ella con lo tuyo, y no siempre estamos preparados para que vean esa parte de nosotros, o por lo menos a mí a veces me cuesta.

Le dijo el zorro al principito:”Sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos“.

Mirar a alguien, es mucho más que ver un simple color de ojos, azul, marrón o verde. Es mirar más allá, es contemplar la alegría, la tristeza, las lágrimas, el gozo, la sencillez de quien se sienta a tu lado, de quien te elige para pasar un rato.

Desde hace ya algo más de tres años, me siento parte de una gran familia, que muchas veces he nombrado en este blog: la familia Marianista. A través de este mundo de internet, llegué a un foro, en el que poco a poco empecé a descubrir a personas maravillosas, que compartían todo lo mejor de sí, y que trataban de vivir con el mismo objetivo que yo: “Dar gratis, lo que gratis hemos recibido”.

Esas respuestas en un simple foro, pasaron a convertirse en personas, y muchos de ellos en amigos. Con muchos, hemos vivido momentos inolvidables, y a otros, aunque aún seguimos sin conocernos en persona, mantenemos una amistad muy bonita, y estoy segura de que en cualquier momentos nos encontraremos y podremos darnos ese abrazo de familia.

Cuando llegas a un lugar sin nada, y te abren los brazos y su casa de par en par, no puedes sentir más que agradecimiento.

Esta familia de Ágora Marianista, hoy cumple 7 años en la red, y por supuesto estamos de fiesta. Te invito a que te unas a la fiesta y descubras el don de dar todo aquello que se te ha dado.

¡GRACIAS FAMILIA!

Vídeo realizado por smdani

En contraposición a la entrada anterior, lo que el amor nunca hace…

1. EL AMOR NO ABUSA de tí ni se desinteresa de tí.

2. NO TE PIDE  que alteres tu ritmo.

3. NO TE CULPA ni te guarda rencor.

4. NO TE CHANTAJEA con rabietas, llantos ni gritos.

5. NO DISCUTE como si en ello le fuera la vida.

6. NO TE DA consejos que no hayas pedido.

7. NO TE JUZGA ni te dice “en qué consiste tu problema”.

8. NO TE TOLERA como si te hiciera un favor.

9. NO TE HACE JUSTIFICARTE una y otra vez.

10. NO NECESITA tener siempre razón ni todas las respuestas.

11. NO SE ENFURRUÑA ni se niega a hablar contigo.

12. NO TE CASTIGA en venganza por haberte equivocado.

13. NO RECUERDA todas las cosas que has hecho mal.

14. NO BUSCA atraer la atención sobre sí mismo.

15. NO HACE ALARDES para que sepas quién es quién.

16. NO SOCAVA  tu confianza en ti mismo.

17. NO TE USA para sus propios fines y luego te rechaza.

18. NO VUELVA sus emociones en ti como si fueras el cubo de la basura.

19. NO PRESCINDE DE TÍ por el hecho de que no hayas satisfecho todas sus expectativas.

XABIER AZKOITIA

Cuando muchas veces en las relaciones me bloqueo por algo que no sale como yo quisiera, me gusta leer esto:

amar consolando

1. EL AMOR TE ACEPTA tal como eres.

2. AFIRMA tu bondad y tus dones.

3. SE PREOCUPA por tí, quiere saber que estás bien.

4.TE IMPULSA a que te desarrolles plenamente.

5. EMPATIZA: sabe lo que se siente siendo tú.

6. TE ANIMA a que creas en tí mismo

7. ES AMABLE en tu trato contigo

8. GUARDA LOS SECRETOS: tus confidencias están a salvo

9. ES BONDADOSO: siempre te apoya y está a tu lado

10. SE RÍE MUCHO, siempre contigo, nunca de tí.

amar sirviendo

11. BUSCA TU BONDAD y la encuentra

12. HACE QUE TE SIENTAS  satisfecho de ser tú mismo.

13. NO TIENE EN CUENTA  tus absurdas vanidades y debilidades humanas.

14. ORA por tus necesidades y tu crecimiento.

15. VE  en tí aspectos positivos que los demás no han visto.

16. COMPARTE contigo su ser mostrándose tal como es.

17. HABLA A TU FAVOR cuando necesitas que te defiendan

18. TIENE TACTO incluso cuando se enfrenta contigo.

19. ASUME LA RESPONSABILIDAD  de su propio comportamiento.

20. TE DICE LA VERDAD siempre y con honestidad

21. PIENSA en tí y en tus necesidades.

22.  ES DURO Y TIERNO, según lo que necesites.

24. COMPRENDE  tus altibajos, te permite tener “malos días”

XABIER AZKOITIA

DALO-MIES

Gratis lo habéis recibido, dadlo gratis” (Mt 10, 8)


Llevo varios días haciéndome una reflexión, que hoy me apetecía compartir en el blog.

Hay momentos claves en la vida, momentos en los que aparecen determinadas maravillosas personas, que no sólo te tiran del caballo, sino que luego te ayudan a levantarte.

Las primeras reacciones ante la caída siempre son de rabia y de culpabilidad hacia el otro, pero cuando te das cuenta que ese mismo que te ha tirado, te da la mano para ayudarte, en ese momento todo cambia.

Algo así me ha pasado a mi estos días. Alguien al que quiero bastante, me ha tirado literalmente por los suelos, la estructura de mi vida,  esas cosas que yo creía controladas, esas cosas que creía que hacía bien, y no era así. De pronto sientes que no tienes nada asegurado y que te tambaleas. Eso me ha ayudado a ponerme ante mi espejo, a sincerarme y a tratar de poner en orden mi vida.

Con esto que suena muy abstracto, sólo quiero hacer llegar la importancia de sincerarnos verdaderamente con nuestra realidad más profunda. Y si para ello te tienes que poner delante de ti y “desnudar” tu alma…si eso ayuda a vivir con coherencia y autenticidad…si ese dolor previo y esas lágrimas, hacen madurar y levantarte y caminar con más ganas aún… bendita sea esa caída y esa levantada.

Así que, a tí que me has abierto los ojos y tanto me enseñas siempre, GRACIAS.

Y a ti que puede que leas esto de casualidad, y puede que sin entender mucho… te animo a abrir los ojos de tu corazón y a vivir en autenticidad, y como dice Jesús en el Evangelio de este domingo: «levántate, coge la camilla y echa a andar»

Razones- Pedro Sosa

Esta tarde me he enterado de que Brotes de Olivo había sacado un nuevo doble cd, y en cuanto he llegado a casa me he puesto a buscarlo.

Son dos cds, Desde tu fuente y Jerusalén. Ambos se pueden descargar desde su web, aquí os dejo los enlaces y un pequeño adelanto.

“Gratis los habéis recibido, dadlo gratis”

Desde tu fuente

Jerusalén

Cada día me doy más cuenta de que estamos haciendo del mundo un lugar de prisas, estrés, trabajo, egocentrismo… y nos estamos olvidando de la importancia del tiempo, del pararse, del sentarse, del escuchar, del observar… de humanizar.

No sé las veces que he podido escuchar esta canción, pero tampoco me canso, porque me recuerda que más importante que rellenar cuatro papeles, es sentarme a escuchar, a compartir, a mirar… a esa persona que me grita en silencio.

HUMANIZAR- MIGUELI

Humaniza sin piedad
cada ciudad.
Humaniza sin parar
donde no hay paz.
Humaniza con “te quieros”
con cariños, con boleros.
Dar una rosa de vida:
eso es humanizar.

Humaniza pa crecer
y no parar.
Humaniza y tu vida no coge
olor a humedad.
Humaniza los dolores
con caricias, colores
de un momento: una sonrisa.
Eso es humanizar.

Una vuelta de tuerca,
un abrazo que dar,
una cara mojada,
una entrega total,
otra gota de sangre,
estar hasta el final
sin pasarme de rosca:
eso es humanizar.

Un ratito de escucha,
la sonrisa pa estar,
una mano extendida,
vuelvo a verte sin más;
mantener la esperanza,
no rendirse jamás,
poner toda la carne
y en silencio esperar.

Humaniza y ya verás
todo cambiar.
Humaniza y a esperar,
sin anestesia ni ná
Ten confianza en los encuentros,
pinta rayos, pinta cielos,
un trocito de tu vida:
eso es humanizar.

Lo que des, sea con calma;
lo que quites, con paz;
lo que llores, bien cerca;
lo que olvides, sin más;
corregir con cariño
y hasta el fin perdonar.
Expresar lo que siento
y saber esperar.

La mirada es aliento
cuando no puedas más;
lo que vale la pena:
saber acompañar.
Cariño sin medida
y ánimo hasta el final…
Ver todo aquello que hago
cuando no humanizar…

Dejar solo a quien lucha
sin dejar de acompañar,
caricias sin reparos,
dulce complicidad,
jugar con mano izquierda,
persuadir sin mostrar
que tienes muchas ganas
de algún cambio notar.

En medio de la probreza,
gente en la soledad,
vivir lo que uno sabe,
saber tiempo gastar,
caminar a tu lado
y nunca ser tu rival,
ni tu profe o tu aliado,
siempre son de amistad.

Vivir aquí y ahora,
transmitir realidad,
calidez en el trato
y horizonte al mirar,
reirse de uno mismo,
cantar en funeral,
valorar bien mi historia,
dar gracias y tocar.

Silbar cuando nos cuesten
las noticias que dan,
cantar cuando el ambiente
no sabe qué cantar,
desmontar con cariño,
acoger, confrontar,
y en silencio y si toca
a tu lado llorar.

Compartir lo que tengo,
informar, gestionar,
comprender que este ambiente
te suele bloquear,
sentir sin decir lo siento,
disculparme y mirar,
descubrir que te importa
no temer nunca hablar.

Y aflojar las tensiones,
y saber disfrutar,
respirar pa que el otro
aprenda a respirar,
respirar los momentos,
disfrutar las personas,
derrochar los alientos,
y animar las hormonas.

Y calmar los dolores,
y traer bien hablar,
o el sonido de todos
que me llega de lo alto.
Lo que des, sea con calma;
lo que quites, con paz;
lo que llores, bien cerca;
lo que olvides, sin más.

Decir fácil te quiero,
confianza y afán,
compartir casa y mesa,
y a lo tonto triunfar.
Seguir con dos huevarios,
sin llegar a olvidar
que otros ya por nosotros
vienen pa humanizar.

Es cierto que raramente vemos la eficacia de nuestra oración. Pero ¿y si la oración significara para los otros zambullirnos en la corriente de amor que circula entre Dios y los hombres ? Entonces podríamos comprender que nuestra oración contribuye a que el amor de Dios reúna a todos los hombres más allá de los obstáculos que siempre se levantan. Sí, incluso aunque no sepamos cómo, Dios se complace en nuestras oraciones

Meditación del H. Alois en el Encuentro Europeo de Bruselas

¡FELIZ NAVIDAD  A TODOS!

Queridos hermanitos y hermanitas:
Si al mirar el nacimiento y ver allí al Niño Jesús en medio de José y María, junto al buey y la mula, se llenan de fe en que Dios se hizo niño como cualquiera de ustedes;
si consiguen ver en los otros niños y niñas la presencia inefable del niño Jesús, que una vez que nació en Belén ya nunca nos ha dejado solos en el mundo;
si son capaces de hacer renacer el niño escondido en sus padres, en sus tíos y tías y en las otras personas que ustedes conocen para que surja en ellas el amor, la ternura, el cuidado para con todo el mundo, y también para con la naturaleza;
si al mirar el pesebre descubren a Jesús vestido pobremente, casi desnudo, se acuerdan de tantos niños igualmente mal vestidos, y les duele en el fondo del corazón esta situación y pueden compartir lo que ustedes tienen de sobra, y desean cambiar ahora mismo este estado de cosas;
si al ver la vaca, el burrito, las ovejas, las cabras, los perros, los camellos y el elefante en el nacimiento piensan que todo el universo está también iluminado por el divino Niño y que todos hacemos parte de la Gran Casa de Dios;
si miran hacia el cielo y ven la estrella con su cola luminosa y hacen memoria de que siempre hay una estrella como la de Belén sobre ustedes, que los acompaña, los ilumina, y les muestra los mejores caminos;
si recuerdan que los reyes magos, venidos de lejanas tierras, eran en realidad sabios y que todavía hoy representan a los científicos y maestros que consiguen ver en este Niño el sentido secreto de la vida y del universo;
si piensan que este Niño es simultáneamente hombre y Dios, que por ser hombre es su hermano, y que por ser Dios existe una porción de Dios en ustedes, y por esta razón se llenan de alegría y de legítimo orgullo;
si piensan en todo esto, sepan que yo estoy naciendo de nuevo y renovando la Navidad entre ustedes. Estaré siempre cerca, caminando con ustedes, llorando con ustedes y jugando con ustedes, hasta el día en que todos, humanidad y universo, lleguemos a la Casa de Dios, que es Padre y Madre de infinita bondad, para vivir siempre juntos y ser eternamente felices».

Con mucho cariño,

Jesús.

Belén, 25 de diciembre del año 1

Vía Foros Agora Marianista

Me gusta entrar con cierta frecuencia en la página web de Taizé, porque de vez en cuando los hermanos de la comunidad suelen escribir meditaciones que me ayudan a rezar y a pensar en ciertas en cosas.

Hoy he descubierto un texto que ha escrito el Hermano Alois para estos días de Adviento y creo que es especialmente bonito, por eso quería compartirlo con vosotros.

Podéis encontrarlo aquí

SABER ESPERAR…

¿Y si el tiempo de Adviento viniese a renovar la esperanza en nosotros? No un optimismo fácil que cierra los ojos a la realidad, sino esa esperanza sólida que echa ancla en Dios y nos permite vivir plenamente nuestro presente.

El año cristiano comienza con el Adviento, el tiempo de espera. ¿Por qué? Para revelarnos la aspiración que habita en nosotros y para profundizar en ella: el deseo de lo absoluto, hacia el que todos tendemos con todo nuestro ser, cuerpo, alma e inteligencia; la sed de amor que arde en cada uno de nosotros, desde el bebé al anciano, y que incluso la intimidad humana más grande, no puede apaciguar completamente.

Esta espera, la sentimos a veces como algo que falta o como un vacío difícil de asumir. Sin embargo, lejos de ser una anomalía, forma parte de nuestra persona. Es un don, nos conduce a abrirnos, orienta toda nuestra persona hacia Dios.

Osemos a creer que el vacío puede estar habitado por Dios y que podemos vivir la espera con alegría. San Agustín nos ayuda a ello cuando escribe: «Toda la vida del cristiano es un santo deseo. Dios, al hacer esperar, ensancha el deseo; al ensancharlo, ensancha el alma; al ensancharla, la hace capaz de recibir… Si deseas ver a Dios, ya tienes fe».

Al Hermano Roger le gustaba este pensamiento de Agustín y con este espíritu rezaba: «Dios que nos amas, cuando tenemos el deseo de acoger tu amor, este simple deseo ya es el comienzo de una humilde fe. Poco a poco, en lo más recóndito de nuestra alma se ilumina una llama. Puede ser muy frágil, pero siempre arde».

La Biblia pone de relieve el largo camino del pueblo de Israel y muestra como Dios preparaba lentamente la venida de Cristo. Algo apasionante en la Biblia, es que cuenta toda la historia del amor entre Dios y la humanidad. Comienza con la frescura de un primer amor, después llegan los límites e incluso las infidelidades. Sin embargo, Dios no se cansa de amar, siempre busca a su pueblo. De hecho, la Biblia es la historia de la fidelidad de Dios. « ¿Puede una madre olvidarse de su criatura? Pues aunque ella se olvide, yo no te olvidaré» (Isaías 49, 15).

Leer esta larga historia puede despertar en nosotros el sentido de una lenta maduración. A veces quisiéramos todo y en seguida, sin ver el valor del tiempo de maduración. Los salmos, sin embargo, nos dan otra perspectiva: «En tu mano están mis azares» (Salmos 31, 16).

Saber esperar… Estar ahí, simplemente, gratuitamente. Arrodillarse para reconocer, incluso con el cuerpo, que Dios actúa de una forma diferente a la que nosotros nos imaginamos. Abrir las manos en signo de acogida. La respuesta de Dios nos sorprenderá siempre. El Adviento, al prepararnos para la Navidad, nos prepara para acoger.

Incluso si no siempre conseguimos expresar nuestro deseo interior con palabras, guardar silencio ya es una expresión de apertura a Dios. Durante este periodo de Adviento, recordamos que Dios mismo ha venido, a Belén, en un gran silencio.

La vidriera de la Anunciación, que se encuentra en la iglesia de Taizé, nos muestra a la Virgen María disponible y con actitud de recogimiento. Está en silencio, a la espera de que se realice la promesa del ángel de Dios.

Igual que la larga historia que ha precedido a Cristo ha sido el preludio de su venida a la tierra, el Adviento nos hace abrirnos progresivamente, año tras año, a la presencia de Cristo en nosotros. Jesús ve nuestra espera, igual que vio un día la de Zaqueo. Y como a él, también a nosotros nos dice: «Hoy tengo que alojarme en tu casa» (Lucas 19,5).

Dejemos nacer en nosotros la alegría de Zaqueo. Y así nuestros corazones, como el suyo, se abrirán a los otros. Él decidió dar la mitad de sus bienes a los pobres. Nosotros, actualmente, sabemos que una gran parte de la humanidad está falta de un mínimo de bienestar material, de justicia, de paz. Durante el tiempo de Adviento, ¿hay actitudes solidarias que podemos incorporar a nuestra vida?

Los textos leídos en la liturgia durante el Adviento expresan un sueño de paz universal: «que en sus días florezca la justicia y la paz hasta que falte la luna» (Salmo 72, 7), «… y la paz no tendrá fin» (Isaías 9, 6), una tierra donde «el lobo y el cordero irán juntos» y donde no habrá más violencia (Isaías 11, 1-9).

Son textos poéticos pero que despiertan un ardor en nosotros. Y vemos que «la paz en la tierra» puede germinar en los actos de reconciliación, en la confianza que unos encuentran en otros. La confianza es como un pequeño grano de mostaza que va a crecer y, poco a poco, convertirse en el gran árbol del reino de Dios, en el que se extiende una «paz infinita». La confianza en la tierra es un humilde comienzo de la paz.

Hermano Alois

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