LA CRUZ
La cruz sigue siendo la más grande contradicción: es la imagen de muerte donde el cristiano discierne la fuente de la vida. En ella se concentra todo lo insoportable del dolor y parece que el fracaso vence a toda tentativa de vivir y disfrutar. Sin embargo la cruz es también victoria: con su vida entregada, Jesús restaura la libertad de todos los hombres.
Hasta antes de la cruz, en el momento de la detención de Jesús, sus compañeros, que algunos instantes antes, todavía estaban dispuestos a combatir para defenderlo, “lo abandonan y huyen ” (Mc 14, 50)
Su negativa de resistir, su silencio delante de la mentira, su aceptación, son demasiado insensatas para ellos. Jesús queda sólo para ser interrogado y luego condenado.
¿Cómo no desviar la mirada, cómo no sentir miedo ante esta violencia que se impone con tal evidencia y parece disuadir la menor esperanza?
La cruz es la soledad más grande, porque es el suplicio reservado para los esclavos y para los grandes criminales, aquellos que no son considerados como seres humanos.
¿No revela también la ambigüedad terrible de un Dios que podría permitir su muerte para hacer respetar su orden?
La tarde de la muerte de Jesús muchos de sus amigos se sentían fracasados. Ciertos discípulos vuelven a su casa. Si la historia se hubiera parado allí, el olvido habría enterrado, lo más de prisa posible, el fracaso y las esperanzas. Nadie habría vuelto a contar la vergüenza y lo absurdo. La cruz de Jesús sería sólo una peripecia de la historia arriesgada de la humanidad.
Pero la luz ocultó a la noche. El torno de la violencia se estrelló y liberó la historia. El encuentro con el Resucitado permitió levantar la mirada hacia la cruz.
El icono que se presenta, está sobre fondo de oro. Es en la luz y la paz de la mañana de Pascua donde los creyentes pueden reconocer a su Salvador. Es por eso que es el signo de la vida y no de la muerte, el signo de la resurrección de Cristo y no del fracaso.
Sin embargo, la cruz sigue siendo “escándalo y locura” y podríamos sólo poner las velas a su mensaje por un triunfalismo que ocultaría el despojo de la travesía consumada libremente.
La cara de Jesús está cansada y triste, pero no está desfigurado por el sufrimiento o el miedo. Permanece bello y refleja paz. Evoca más bien la cara de alguien que se durmió. Esta cara dice cómo Jésus vivió su muerte: no era el fin de todo, sino “el paso de este mundo a su Padre “ (Jn 13, 1)
La cruz -resurrección y muerte de Jesús- es el núcleo central, la fuente que ilumina todos los demás elementos de la fe. Si se entiende bien este acontecimiento, todo cobrará ya sentido.
Sobre el icono tres personajes miran hacia el Resucitado y reflejan la gloria.
Arriba hay un ángel. Jesús ” recibió el Nombre que está sobre todo nombre, para que al Nombre de Jesús, toda rodilla se doble, en el cielo, en la tierra y en los infiernos, y que toda lengua proclama que Jesúcristo es Señor, para gloria de Dios Padre ” (Fil 2, 9-11) Hasta los ángeles, que ya se sientan delante de Dios en una alabanza permanente, están sorprendidos; no conocen un misterio más grande que éste de la Pascua.
A la derecha de Jesús, su madre. Maria acogió, la primera, la plenitud del amor de Dios en sus hijos. Ella transmite este amor a los hombres. Desde los orígenes, es la figura de la Iglesia en su maternidad. La Iglesia irradia de la luz de la resurrección cuando vive amor fraternal, de perdón, cuando se vuelve hacia el pobre y lo acoge.
Marie -la Iglesia - recoge la sangre y el agua que brota del costado de Jesús (Jn 19, 34), la sangre de la Eucaristía y el agua del bautismo. Estos dos sacramentos nos hacen celebrar y vivir el Resucitado.
En el otro lado, se ve a Juan el Evangelista, sosteniendo un Libro. Es el libro de las Escrituras, que convergen hacia el acontecimiento central de la resurrección. La historia de Israel, la espera de los profetas y todo el Antiguo Testamento transmiten este hecho. Su origen está enlos relatos evangélicos y en el Nuevo Testamento.
Todo trabajo de inteligencia de la fe, comienza y continúa, entre la cruz y la tumba vacía, en el encuentro con el Resucitado.
ES AMOR QUE NO SE EXPLICA
Desde el principio, Jesús es el Hijo, el que no vive más que por amor del Padre. Él dice y da lo que es. Por “cumplir” su misión, él se entrega – incluso a sí mismo. Pero los hombres de corazón cerrado han inventado todos los pretextos sólo para no tener que reconocer que el amor es la fuente de toda vida. Le acusaron de ser como ellos: buscar un interés, ser un competidor, un manipulador, y en consecuencia un impostor a lo que pretendía.
Sobre la cruz acepta ser desnudado de todo para manifestar con fuerza, que sólo tiene el amor de Dios para vivir. “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”(Lc 23, 34)
Para quién se enfrenta a la mordedura del mal, a la humillación, al abandono, una violencia súbita e incontrolable puede estallar en el interior. Para protegerse, se puede retirar, dejar pasar el tiempo. A veces esta violencia puede darse la vuelta contra sí, sufrir sin responder, se pierde el aprecio de sí: ¿No soy un cobarde? O incluso la amargura y la frustración pueden llegar a paralizarlo todo por su dolor interno. Se puede también devolver esta violencia contra otros: se trata de denunciar, poner de relieve las responsabilidades para acabar con otro, como si su desdicha fuera la única salida posible y deseable. Entonces, la violencia nos tiene prisioneros en su círculo, parece ocupar todo el terreno, en el culpable y en la víctima. En todos los casos, es la muerte del corazón, que olvida o se entierra. Mientras ciega y atrae la atención por su deslumbramiento doloroso, el sufrimiento, incluso pequeño, tiene cautiva la desdicha.
Cristo cruza esta alternativa: No se retira para protegerse. No responde tampoco acusando al que le maltrata. Jesús puede hasta observar con la mirada del Padre “que no envió a su Hijo al mundo para juzgarlo, sino para que el mundo se salvara por Él” (Jn 3, 17). Esta mirada está enferma, pero también activa, para salvar lo que se pierde, y no dejar a los hombres en el mal donde se encuentran.
¿Porqué la cruz? ¿Porqué el mal, el sufrimiento del inocente? ¿Quién es el responsable: Judas que lo había entregado?. ¿Pilate, el fiscal que lo había juzgado.? ¿Los responsables del pueblo que llevaron la conspiración.? ¿La muchedumbre cómplice.? La cruz sigue siendo absurda.
Jesús no observa el mal que sufre, él no se apiada de su suerte. No deja de mirar al Padre, y de observar a los hombres desde el punto de vista del Padre. Todo el tiempo que permanece vivo, es para abrir una vía allí donde, si no, se perdería todo.
Allí podemos percibir cómo Jesús anticipa una comunión, de la cual todos los huéspedes pueden formar parte. Por su parte, todo está ya listo para una reconciliación ofrecida a todos.
La cruz sólo está allí por la libertad de Jesús que gusta hasta el final. No hay ninguna otra explicación: este amor no se puede explicar. Es solamente en la luz de la perseverancia del amor a través la traición, de la cobardía, la condena, la muerte, que la cruz es reconocible. Amor que se refleja en el lavatorio de los pies (Jn 13, 1-17), en la institución de la Eucaristía (Lc 22, 19-20) y se hará reconocer, sin miedo y sin vergüenza, en los encuentros después de la resurrección.
“PADRE, EN TUS MANOS ENTREGO MI ESPIRITU” (Lc 23, 46)
Todo se ha cumplido. Jesús hizo y dijo todo lo que podía. Desde un punto de vista humano, ante la muerte, no hay ya nada que esperar. Pero no se resigna, pasivo ante lo que todos consideran como la fatalidad del destino. Jesús toma la iniciativa una vez más. No sufre pero da su vida. “Nadie me lo quita ; yo la doy voluntariamente “(Jn 10, 18)”
Da este último paso con el mismo movimiento que el primero: dejándose acoger por Dios como un niño, se abandona en los brazos de sus padres. Volviéndose hacia Dios como hacia el Padre, Jesús vive hasta el final de la espera. Revela la fidelidad del Padre que no deja de decir, como el día del bautismo (Mt 3, 17), incluso a este cuerpo muriéndose: es mi alegría, mi felicidad…
Allí se descubre una vez más el movimiento de la fe. No se trata de mi convicción, pero sí de la espera del Padre que cree más en mi que yo, e incluso me abre un paso, incluso en la situación más extrema, cuando no hay más salida.
Sobre la cruz, desnudado de toda apariencia, sin nada para atraer la mirada, Jesús se siente libre. La palabra y la sabiduría se callan, la acción y el milagro se agotan. La sola carne cuelga aún en el madero. Pero esta carne abandonada de todos, esta carne que da miedo y da vergüenza, encuentra fuerza y dice lo que ni la sabiduría ni el milagro había podido hacer aceptar.
Contra la violencia que querría que se renunciara finalmente, que se le abandonara a la fatalidad, la carne se convierte en lengua, palabra de amor dándose, ella dice exactamente que el corazón sigue estando abierto. El mismo Jesús se da hasta dar su carne, su sangre, su último suspiro. Se da para todos. Se da sin saber, pero con todo, con la confianza de que es acogido. No se pierde nada, la muerte no guarda nada, la tumba estará vacía.
Y a partir de ahí, todo corazón puede ser consolado, toda carne puede ser bella, toda palabra puede volver a ser luz.
Dejar a Cristo rogar en nosotros Padre perdónalos (Lc 23,34), o Padre entre tus manos doy mi vida (Lc 23,46), ya es participar ahora en su muerte y en su resurrección. Es ser libre de la amargura y la frustración, libre de protegerse, libre para vivir.
Para vivir, el corazón no necesita garantías, explicaciones, sino solamente poder darse: arriesgar de nuevo su confianza.
Des icônes pour prier- Frére Luc de Taizé
páginas 39-45
Traducción por María Arias Cabello










Febrero 19, 2007 at 8:41 pm
Sinceramente, no sabía donde estaba Taizé, ni lo que había allí, ni las convivencias mulltitudinarias que allí se producen cada año….pero desde hace un tiempo, ese lugar me sale mucho: en tu blog, la cruz que tiene un amigo es de allí….así que este verano, si Dios quiere, voy a ir para allá por primera vez, al encuentro de jóvenes…nuevamente muchas gracias María, porque cada día me enseñas cosas. Cuando vaya, ya no será un lugar desconocido.
Un abrazo.
Febrero 23, 2007 at 8:17 pm
Hola:
Estaba navegando por internet, y en esa busqueda encontre tu block, el cual lo encuentro muy interesante, en lo personal no estoy bautizado, pero estoy muy cerce del cristianismo, espero leer tus comentarios para aprender un poco mas.
Claudio Barahona
CHILE
Falanguito@gmail.com
Febrero 25, 2007 at 9:42 pm
Yo estuve en Taizé hace muchos años. Por cuatro veces subí a la colina de Taizé. En esa comunidad aprendí muchas cosas que aún hoy sostienen mi vida espiritual. Os animo a todos a vivir la experiencia de oración que Taizé nos ofrece. Ahora bien, recordad que la vida interior que Taizé ofrece nunca va separada de la solidaridad humana. Saludos y paz en Dios.
Marzo 27, 2007 at 2:33 pm
Hola, casi-vecina, aquí un granaíno. Gracias por remitirme de nuevo un poco a Taizé, donde estuve hace muuuuuchos años por primera vez (1974, si no recuerdo mal), donde volví luego otras veces, donde hice MUY buenos amigos, a los que debo enormes dones, de sí mismos incluso… Llevo Taizé en el corazón, bien clavadito, bien hecho yo mismo. Y paradójicamente, me lo he llevado puesto incluso a una guerra, una guerra justa en legítima defensa, la de los saharauis del Polisario, donde estuve metido como periodista. Soy de la generación de la Populorum Progressio, para mí el cristianismo es Tercer Mundo ; si además soy granaíno, entenderéis que llevo también al mundo musulmán metido en el alma : haber jugado de niño en la Alhambra marca… Extrañamente, convivir con los guerrilleros saharauis, la hondura de su fe islámica, su perfecta serenidad para afrontar la posible muerte cercana, me hizo ser cristiano como nunca lo he sido. Por obra de una pareja de Taizeanos que se casaron, estuve luego cerca de París haciendo zen… e investigando sobre mundo árabe en las bibliotecas parisinas, en plan científico. Gracias también por ese homenaje a frère Roger que nos regalas en vídeo : mira que he visto salvajadas como periodista… pero la muerte de ese hombre, de aquella forma, me hizo llorar durante 48 horas, o casi. Difícilmente lo encajo aún. Esa traducción tuya del texto sobre la Cruz taizeana me aporta mucho, gracias. De vez en cuando recurro a aquello, vía ‘on line’, para recuperar la calma cuando las cosas se ponen feas, para centrarme, para dejar sitio a que Alguien actúe en mí, con mis manos, en lo que escribo. Bueno, que esto no puede ser el Espasa, corto. Ahí queda mi dirección electrónica, envíame algún mensaje, y a ver cuándo conozco a vuestro grupo. Ah, si volvéis por Taizé, decídmelo. La última vez que fui, lo hice en moto, pero pobre BMW, reventó hace poco, estoy hecho un peatón… Gracias por ese chorro de luz que pones en tu página, me lavo en él de vez en cuando. Merci bien, l’amie. Et un énorme sourire avec le signe de Taizé, si spécial qu’il est, avec une telle paix, une telle calme… Tant de Dieu, dans peu de mots. Con toda mi amistad taizeana, saludos desde Graná, er Fernando
Abril 2, 2007 at 10:06 pm
Ayer volví de Taizé…es una maravilla…una fuente de agua viva…
Os lo recomiendo a todos
Un abrazo enorme
Abril 27, 2007 at 4:36 pm
muy interesante la traducción de la cruz de taizé, la escritura ayuda de alguna forma a seguir un camino de luz donde existe mucha oscuridad, bueno mucho para meditar y aprender!!
un gran abrazo fraterno desde la distancia…
escribe: erick melgar
santa cruz de la sierra - bolivia
Mayo 14, 2007 at 11:23 pm
mi blog es de un poco menos de un mes y recorriendo algunos encontré el tuyo creo que te envie un comenteario hace poco, pero lo hago nuevamente porque encontre la cruz de taize y te dire que esa cruz tal cual la tenemos detras del altar de nuestra capilla, es un icono hermoso, aprendi de ella leyendo tu traduccion, te lo agradesco.
un abrazo nadia
temuco Chile
Agosto 18, 2007 at 2:06 pm
¡Qué alegría me da leer sobre Taizé!
Esta entrada es un excelente análisis de la cruz de Taizé, hablas de cosas que muchos ni nos habremos dado cuenta (entre ellos yo).
He ido este año por primera vez a Taizé y… no sabría explicarlo con palabras. Es un sitio donde más que ha buscar se va a encontrar. Y cada persona encuentra algo distinto.
Gracias por la entrada.
Swi.
Agosto 22, 2007 at 7:53 pm
Muy gratificante tu “blog” o bitácora. Interesante. No estuve nunca en Taizé pero lo recomiendo, sí, lugar de encuentro, de ecumenismo,de reflexión… Es curiosa la iconografía del crucifijo, que recuerda algo al de San Damián. Estoy sediento de belleza, de música y aquí encuentro agua buena. Muchas gracias. Paz y Bien*
(*)hay un bonito enlace con música
Noviembre 3, 2007 at 8:10 pm
hola.
yo me llamo diana vivo en valencia aunque en mi estancia en madrid de 12 años a traves de mi parroquia se me dio a conocer taize(collado villalba).
e ido la 1 vez con 18 años y la ultima con 25 a un encuentro en milan.
en total si me acuerdo abre ido a taize,5 o 6 veces y a dos encuentros.
y no os puedo decir otra cosa qe es una fuente y es verdad.
al final despues de tanto tiempo,entiendes el significado de fuente.
hace 2 años que no voy y lo necesito profundamente pa cargar las pilas.
es lo mas maravilloso que se me a dado a conocer en mi vida.
te das cuenta que alli la religion de verdad se vive profundamente y te llega muy adentro,cosa que aqui eso en cada ciudad nuestra no lo encuentras,salvo en los encuentros de taize en cada parroquia organizado por gente que sigue necesitando lo que un dia descubrio….
gracias al hno.roger y sus hnos por seguir adelante lo que el un dia fundo…es maravilloso
Marzo 6, 2008 at 2:00 pm
Gracias
Marzo 28, 2008 at 9:52 pm
Hola:
Queria felicitarte por tu blog! esta muy lindo.
Tequeria preguntar si tendrias una imagen de alta calidad de la cruz de Taizé para enviarme, porque quisiera hacer una impresión para los momentos de oración que organizamos en mi Parroquia: Santa Teresita, en Paraná Entre Rios, Argentina..
Muchas gracias.-