Taizé


Tú, Cristo de compasión,
nos acoges con nuestros dones y nuestras fragilidades.
Y por el Espíritu Santo liberas,
perdonas y nos conduces hasta dar
nuestra vida por amor.

H. Roger de Taizé

Seguro que muchos habréis tenido la sensación que yo tengo ahora mismo. Llegar de un corto o largo viaje, y descargar las miles de fotos de la cámara y descargarlas en el ordenador. Verlas miles de veces lo primeros días y luego acumularlas ahí. Y de pronto un día, te sientas delante del ordenador, y vuelves a ver , a revivir, a soñar, a ilusionarte, a llorar, a abrazar, a besar, a sonreir, a disfrutar… de todos esos maravillosos momentos que viviste con gente que sigue muy profundamente presente en tu corazón, que han marcado mucho, mucho en tu vida, y con las que al ver esas fotos se te saltan las lágrimas.

null

Es lo que me acaba de pasar a mí. Revivir momentos con Patty, Águeda, Sofía, Samuel, Emilio, Edgar, Luciana, Silvia, Lali, Sergio, Dani (mi colombiano favoriato), Daiana, Pablo, Mery, Magno, Anita, Teresa, Laxmi, Herim, Verena, Chi Won, Piu…

Y de pronto siento como si los hubiera perdido a todos ellos, porque posiblemente no los volveré a ver, y echo de menos, y vuelvo a soñar con los momentos que compartí con ellos, y lloro… y me encantaría dar marcha atrás en el tiempo, y volver a vivir esos días llenos de magia.

Pero a la vez, descubro en mi vida actual, que ellos han marcado una gran parte de mí, que por muchos ellos, yo ahora soy lo que soy, y a pesar de la tristeza por su ausencia, siento que ellos han sido un gran regalo en mi vida, y me siento infinitamente agradecida por ello. Los quiero, y…sí, las fotos pueden hacerme recordar mucho, pero recordar con alegría y gratitud, la enorme suerte que es poder disfrutar del regalo de la amistad. Del don de la amistad que acompaña, sostiene, permanece, acepta, respeta, ayuda, ama…

null

Gracias a todos ellos, a todos vosotros por ser parte de mi vida. Por aquellos maravillosos meses. Por habitar un rinconcito de mi corazón.

A algunos siempre les quedará París. A nosotros siempre nos quedará Taizé.

Espíritu Santo, tú soplas sobre lo que es frágil. Tú enciendes una llama de viva caridad y de amor que, en nuestro interior, permanece bajo la ceniza. E incluso los temores y las noches de nuestro corazón pueden llegar a ser por tí aurora de una vida nueva.

Oración de Taizé

Hoy ha llegado a mi correo, la edición impresa de la carta que publica la Comunidad de Taizé cada tres meses. Echándole un vistazo, he visto un artículo que me ha gustado mucho. No está aún publicado en la web,o por lo menos yo no lo he visto, así que os lo dejo aquí.

Merece la pena leerlo, y pensar…hasta qué punto somos nosotros capaces de perdonar…y si lo hacemos, ¿olvidamos o se nos queda guardado algo de resquemor? ¿Cómo perdonar como perdonó Jesús en la cruz? El gran reto del cristiano. Amar hasta el extremo.

¿Perdonar significa olvidar?

Hay heridas que no olvidamos. En algunas situaciones trágicas, el camino hacia la curación parece pasar por una toma de conciencia de la profundidad del mal más que por el olvido. No evacuamos el mal- permanece de todos modos-, pero se encuentra ante nosotros para, poco a poco, hundirse en el amor y transformarse. Si el Antiguo Testamento habla de la ira de Dios, es porque Dios siente dolor y su amor hacia Israel se encuentra herido por las infidelidades de su pueblo.

Ahora bien, lo más extraordinario de la historia bíblica- es el descubrimiento de los profetas- reside en el hecho de que, por amor, Dios va más allá de su propia ira: “Mi pueblo está aferrado a su infidelidad (…)” El corazón me da un vuelco, todas mis entrañas se estremecen. No me dejaré llevar por mi gran ira, (…) porque yo soy Dios, no un hombre(…)” (Oseas 11, 7- 9). Para quien perdona, el perdón es un combate contra su propia ira. El ardor ya no conduce a una reacción violenta, sino a un desgarro interior: sacrificar su espera de justicia para dar un paso hacia aquel que pecó.

El profeta Isaías va más lejos, describiendo un misterioso personaje bajo los rasgos de un siervo sufriente: “Abrumado de dolores y habituado al sufrimiento, (…) lo despreciamos y lo estimamos en nada. Sin embargo, él llevaba nuestros sufrimientos, soportaba nuestros dolores. (…) Con sus heridas nos salvó” (Isaías 53, 4-5).

Los cristianos pueden reconocer en este texto una anticipación de la vida ofrecida de Jesús. La paciencia de Jesús respecto a sus adversarios, su pasión en Jerusalén hacen pensar que no huyó del sufrimiento ni de la gente que intentaba atraparlo. En vez de endurecerse ante los ataques, acogió realmente lo que se presentaba ante él sin previsión ni segundas intenciones. Si pudo decir en la cruz: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lucas 23, 34), es porque fue hasta el extremo de la apertura del amor y consintió ser herido por la propia mano de quienes él amaba.

La cruz, en este sentido, toma una dimensión existencial a la cual todos nos enfrentamos, incluso los no creyentes: sólo nos hacen sufrir verdaderamente aquellos a quienes amamos. Que mi enemigo me haga sufrir, es algo obvio, ¿pero cómo podemos consentir sufrir de la mano de mi amigo (véase Salmo 55, 13- 15)? Cada relación de amor deja una puerta abierta a la vulnerabilidad, es decir, a la posibilidad de ser herido. Recordarlo, no huir de la vulnerabilidad, significa prepararse ya para el perdón.

Profundizando la Palabra- Carta de Taizé- nº 259

Queridos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor.

1 Jn 4, 7- 8

 

En el pasaje bíblico que hemos leído, San Juan resume en pocas palabras lo esencial de la vida cristiana. Nos dice, que sólo el que ama puede decir que está en una relación auténtica con Dios. El resto no son más que palabras en el aire; como dice San Pablo, es como un címbalo que resuena pero que no transmite nada.

El amor en el Nuevo Testamento no es un sentimiento caluroso dentro nuestro, sino una manera concreta de vivir con los demás, día tras día. Retomando la bella expresión de la Carta de Cochabamba, consiste en una amistad compartida con todos.

Muchos creyentes dan testimonio de bondad y compasión en su relación con los demás, pero, ¿cómo es posible que nuestras iglesias y comunidades vivan tan a menudo en una actitud de indiferencia recíproca, incluso de competencia, cuando Jesús nos los dice con todas las letras: Es por vuestro amor que os reconocerán mís discípulos?.

No se trata de juzgar a cualquiera, ni de criticar las instituciones que están hechas de seres humanos como nosotros; de hecho, nadie a partir de sus propias fuerzas, es capaz de amar como Jesús nos los pide.

Para amar de verdad, hay un sólo camino: acoger el amor de Jesucristo, Él que se dio por nosotros hasta la muerte y que resucitado, nos comunica el amor de Dios en persona, el Espíritu Santo.

¿Tendremos miedo que la búsqueda de unidad entre creyentes, sea en detrimento de la verdad de Cristo y su Evangelio? Al contrario, San Juan nos dice que sólo amando podemos conocer la verdad de Dios, porque Dios es amor.

Sólo una vida de comunión nos abre a todas las dimensiones de la verdad; nuestra experiencia en Taizé nos lo confirma. Es yendo todos juntos a las fuentes de la fe, que descubrimos la plenitud de lo que Jesús nos ha revelado de Dios y de nuestra condición humana.

Con el fin de que podamos restaurar la belleza atrayente de la Iglesia de Cristo, dejemos atrás nuestras peleas mezquinas, que no sirven sino para justificar una identidad contra la otra, y hagamos más a menudo lo que estamos haciendo ahora, reunirnos en torno al Señor, en una oración hecha de alabanza, de silencio y de escucha de la Palabra.

Si nos volvemos buscadores apasionados de comunión, cerca y lejos, veremos que una esperanza se levanta para muchos, en un periodo donde hace mucha falta.

Nos toca a nosotros dar testimonio con nuestra vida; que la noción de un sola familia humana, no es una simple utopía, sino que es una realidad que mana de nuestra fe en Jesús, que vino a mostrarnos, que la verdadera felicidad se encuentra en una existencia para y con los demás, que se llama AMOR.

Ginebra- 31 de Diciembre de 2007

Durante el Encuentro Europeo de Taizé en Ginebra, después de las oraciones de mediodía, uno de los hermanos compartía unas cuantas palabras, a cerca de la lectura leída, y por la noche, era el H. Alois, el que se acercaba a todos los jóvenes de forma muy sencilla.

En dos entradas, os dejaré el comentario a las lecturas, y en la web de Taizé, podéis encontrar las palabras que dijo el H. Alois cada noche.

Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda.

Mt 5, 23- 24

En la oración común Dios nos acoge, dice Jesús. Quiere decir, estamos en presencia de Dios. Si te acuerdas que tu hermano tiene algo contra tí, deja todo y ve primero a reconciliarte.

La paz de la oración no nos anestesia; la Palabra de Jesús nos remueve. Ella nos anima incluso, a poder sobrepasar recuerdos difíciles. Si recuerdas que tu hermano tiene algo contra tí, la paz de la oración es para olvidarnos de las tensiones, conflictos o las situaciones de injusticias.

Un recuerdo difícil que puede venirnos en la oración puede ser, por ejemplo, una palabra o gesto que me han lastimado, puede ser también, que me de cuenta que soy yo la causa real o imaginaria, del sufrimiento de otra persona, que alguien tenga algo contra mí, como dice Jesús.

El Evangelio nos llama a atrevernos, poder mirar frente a frente esa situación. Para dar un primer paso hacia la reconciliación, no es necesario hacer largos preparativos. Jesús nos dice, incluso, que no es necesario primero presentar nuestra ofrenda. No es necesario terminar bien nuestra oración, sino que Él nos dice: deja ahí tu ofrenda y ve ahora, tal y como tú eres; puedes ir y reconciliarte con tu hermano.

Pero, ¿porqué esta urgencia de la reconciliación? ¿Porqué Jesús es tan categórico? Esto es porque Dios es paz. Buscar a Dios y buscar la paz es la misma cosa. Es por esto que el Evangelio nos llama a dar la prioridad de la reconciliación. Jesús nos llama a compremeternos y luchar con un corazón reconciliado.

Una última cosa para avanzar en el camino de la reconciliación: es preciso renunciar a hacerse preguntas, si quizá no sería el otro el que debería dar un primer paso.

Jesús no nos dice, intenta saber quién tenía la culpa o quién tenía razón. Jesús nos dice: Ve ahora, reconcíliate.

Porque es así que Dios también actúa con nosotros, sin poner condiciones; Él es quien primero viene a nuestro encuentro.

Ginebra- 29 de Diciembre de 2007

Todos los años desde 1974, a finales de año, el prior de la Comunidad de Taizé escribe una carta dirigida a los jóvenes, que se empieza a trabajar en el Encuentro Europeo de fin de año y durante todo los encuentros en Taizé.

Este año el H. Alois escribió la carta a partir del Encuentro de Cochabamba que se celebró en Bolivia a comienzos del mes de Octubre. En ella nos invita a una reconciliación, a buscar y mostrar con nuestras vidas caminos de confianza, a ser capaces de perdonar de corazón, de dar la vida como Jesús la dio, a permanecer al lado del que lo necesita, a ser signo vivo de esa comunión…

El Evangelio nos invita a dar el primer paso para ir hacia el otro sin estar seguros con antelación de una reciprocidad.
En ciertas situaciones, en particular después de rupturas afectivas, la reconciliación puede parecer inalcanzable. Sepamos entonces que el deseo de una reconciliación es ya su comienzo. Cristo toma sobre sí lo que parece sin salida y nosotros podemos confiarle eso que necesita una curación.

(…)

¿Iremos hasta el perdón? ¿Hay otro modo de interrumpir la cadena que hace perdurar las humillaciones? No se trata de olvidar un pasado doloroso, ni de estar ciegos ante situaciones actuales de injusticia. Pero el Evangelio nos llama a superar por el perdón la memoria de las heridas e incluso a ir más allá de nuestra espera de un gesto recíproco. Allí encontramos la libertad de los hijos de Dios. Sí, quisiéramos luchar con un corazón reconciliado, ser buscadores apasionados de comunión, capaces de ensanchar a todos nuestra amistad.

Si quieres leer completa esta carta o descargártela, puedes hacerlo desde la página de Taizé o directamente desde aquí.

Carta de Taizé 2008- Carta de Cochabamba

Ahora que se aproxima el Encuentro Europeo de Taizé en Ginebra, y que muchos nos preparamos para vivirlo, he estado recordando, las palabras que dijo el H. Alois, en el segundo anirvesario de la muerte del H. Roger (16- Agosto- 2007) un hombre que vivió desde el amor por la unidad de la Iglesia, por una familia unida y no separada, por un elemento común, el amor de Cristo.

Me gusta recordarlas, releerlas estos días…y dar gracias por él.

Hoy hace dos años el hermano Roger de Taizé nos dejó. Damos gracias por su vida; todo lo que él fue permanece tan presente. Él abrió tantos caminos para la reconciliación en la Iglesia y en la familia humana.

Como Juan el Bautista, el Hermano Roger no intentó ponerse a sí mismo en el centro, sino que por medio de su vida entera quiso testimoniar la presencia de Dios en cada ser humano. Él hizo los manantiales de confianza en Dios accesibles para muchos.

El Hermano Roger vivió una vida enraizada en una convicción a la que volvía constantemente: Dios está presente en cada ser humano, incluso en aquellos que no son conscientes de ello.

En esta confianza en la presencia de Dios, el Hermano Roger encontró una paz que intentó comunicar a otros a lo largo de toda su vida.

Quizás os sorprenda al decir que el Hermano Roger tenía un temperamento en ocasiones inquieto. Y sin embargo fue con esta ansiedad que fue capaz de crear. Sí, si él fue capaz de comunicar la confianza en Dios es precisamente porque ésta implicaba en él un combate interior.

Esta inquietud, lejos de paralizarle, le llevó constantemente a reflexionar, mantuvo su mente siempre alerta. Siempre intentaba concretar una intuición. Siempre estaba preocupado por los demás.

El Hermano Roger también experimentó el sufrimiento; tropezó, particularmente en la Iglesia, con situaciones difíciles de atravesar sobre las cuales prefería no hablar. Así pues, ¿cómo fue capaz de volver constantemente a la paz interior?

Quizás en parte por su habilidad para acoger cada día como un hoy de Dios. Se dejó inspirar por los acontecimientos y las personas que encontraba. Y al mismo tiempo se atrevió a crear algo nuevo, incluso en condiciones que parecían condenar de antemano sus esfuerzos.

Así pues, recordemos que, también para nosotros, la paz de corazón implica un combate interior ¡No nos rindamos a la decepción y la amargura cuando los obstáculos se alcen frente a nosotros!

La paz interior no es meramente un sentimiento, de otro modo no resistiría todo lo que la amenaza, No somos nosotros quienes creamos esa paz; es Dios quien nos la da. En nuestra mano está acogerla siempre de nuevo.

Lejos de conducirnos a la pasividad, la paz de Dios se concreta en la atención hacia cada instante y en una profunda comprensión de los otros.

Esta noche tenemos con nosotros a Geneviève, la hermana del Hermano Roger. Desde los años cuarenta ha estado viviendo en Taizé. Tiene 93 años. Como su hermano, siempre ha vivido desde una profunda comprensión de los demás.

Es sorprendente ver lo mucho que Geneviève se parece a su hermano en un aspecto: evitar toda palabra áspera, todo juicio definitivo. Esto viene de muy atrás en su familia; viene de una madre excepcional. Estamos felices de que Geneviève esté con nosotros esta noche.

El Hermano Roger fue capaz de lidiar hasta el extremo este combate interior para confiar en la presencia de Dios. Esto es quizás lo que le permitió ver los dones que Dios ponía en otros. Esto es también lo que le permitió ver las evoluciones de nuestras sociedades. Sí, a menudo veía lo que estaba germinando.

La confianza en Dios dio al Hermano Roger el coraje para anticiparse unos pocos pasos al movimiento de la Historia. Abrió caminos hacia delante donde otros no veían ninguno. Y esto tanto para la reconciliación de los cristianos como para la paz en la familia humana.

¡Seamos conducidos hacia adelante en esta confianza para toda la vida! ¡Comencemos a acoger la paz de Dios! Y entonces también nosotros podemos anticipar reconciliaciones, ser creadores de comunión y hacer la vida hermosa para aquellos que nos son confiados.

…Testigo me es Dios de cuanto os quiero…” Era el título de una entrada que escribí hace poco en el blog. A veces es imposible explicar con palabras todo lo que Dios te regala en la vida. Es el sentimiento que yo tengo:¿cómo explicar tanto? ¿cómo te podré pagar, Señor, tanto bien como me has hecho?

Han sido 6 meses de descubrir, de contemplar, de aprender, de soñar, de disfrutar, de querer mucho, de reir, de ser feliz, de dejarme hacer, de aceptar, de cuidar el corazón, las sonrisas y las lágrimas…pero también han sido meses de enfretarme con mi realidad, de descubrirme, y porque no decirlo…de sufrir y llorar también un poquito. Meses de respirar. Tiempo de descubrir. Tiempo de Dios. Y en el tiempo de Dios…no hay horas.

Me salen del corazón cada una de estas imágenes, y al verlas, un profundo agradecimiento por todo lo vivido. Un GRACIAS enorme a Dios. Y un GRACIAS enorme a todos los que han estado en este camino, presentes o distantes. Gracias por ayudarme a caminar y por acompañarme en el camino. Gracias por estar en los buenos momentos y por ayudarme en los malos. Gracias por enseñarme a transitar, por ayudarme a aceptar y a permanecer.

Ojalá las miradas y las sonrisas de esta imágenes lleguen a transmitir todo lo que yo no soy capaz de hacer.

El Martes, 3 de julio, el grupo de las chicas de Lambarene (es el grupo de chicas que estan por un tiempo largo a Taize),donde yo vivia en Taize, tuvimos un encuentro con el Hermano Alois, que es el prior de la comunidad de Taize, el que ha sustituido al Hermano Roger, desde que éste murió.

La verdad es que fue un encuentro muy bonito, de esos que te hacen salir feliz, agradecida y con ganas de transmitir a todos que verdaderamente, Dios es muy bueno.
Esa noche, antes de la oracion de la tarde, escribi un pequeño texto, que hoy quiero compartir con vosotros.

Hoy hemos tenido un encuentro con el H.Alois las chicas de Lambaréné. Un encuentro sencillo, pero muy bonito, en una pequeña habitación con las paredes anaranjadas, con algunas sillas, un pequeño gran puf, un par de mesas a los lados, una ventana grande con vistas al jardín de la Comunidad y una chimenea sobre la cual, habia algunas fotos de la juventud del H. Roger, y en un rinconcito de la habitación, un pequeño lugar para orar, con el icono de la Ascensión y algunas velitas.
Un lugar acogerdor y con una paz que te llena.

Ha sido bonito comprovar como muchas veces, mitificamos a las personas y las hacemos muy lejanas a nosotros, cuando en realidad son todo lo contrario.
Desde el primer momento que entró en la habitación, el H. Alois tenía una sonrisa de oreja a oreja, y un brillo especial en sus ojos. Y desde que empezó a hablar, sus palabras transmitían confianza y paz, a veces, incluso hablaba tan pacíficamente, que hasta costaba entenderlo, no por problema del inglés, sino por el tono de voz. Es algo muy característico de los hermanos, siempre hablan muy bajito.

Nos ha estado hablando de lo que supone un encuentro europeo en Ginebra y más aún, de lo que supone un encuentro en Cochabamba(Bolivia), donde ya no es sólo una Peregrinación de Confianza, sino unas Jornadas de Reconciliación, lo cual supone un gran desafío, dada la situación en la que se encuentra el país; pero a pesar de eso, nos ha transmitido la ilusión y la confianza que tienen los hermanos en que salga adelante, ¡es todo una sorpresa para ellos!

Me sorprendía porque en todo momento, sus ojos brillaban de alegría, y verdaderamente podía descubrir en él, la presencia de Dios.

icono amistad

Después de preguntarnos sobre qué deseabamos en el verano, me ha encantado una pregunta que le ha hecho una chica. “¿Cómo consigues encontrar siempre la alegría?”
No recuerdo literalmente sus palabras, pero decía algo así, como que todos somos capaces de encontrar (si queremos) la alegría en cualquier momento de nuestra vida. Decía que para él, el encuentro que estábamos teniendo, era ya un motivo de alegría y esperanza, porque hay gente joven trabajando por buscar caminos de confianza para hacer un mundo mejor, y que eso es una gran alegría.
Si hubiera tenido una cámara, le hubiera hecho de verdad, una foto a su cara, porque era una maravilla.

Encontrad la alegría en Dios, en el silencio de la oración, -decía- en el trabajo que realizáis, en vuestra vida diaria. Buscad la alegría y descubriréis que es posible vivir en la esperanza y la confianza en Dios

Y después de una hora más o menos, terminamos rezando ante el icono de la Ascensión y cantando: Confitemini Domino y nos fuimos.

Ha sido un día lluvioso, pero verdaderamente hoy tengo que darle GRACIAS a Dios por la vida de este hombre y por la del H. Roger, porque con sus vidas, son capaces de transmitir que verdaderamente Dios es amor y que merece la pena dar la vida por Él y por los demás.

H. Alois y Roger

Next Page »