Reflexión


Hay sufrimientos ajenos que nos caen encima sin más, sin que hayamos podido preveerlos.
Hay sufrimientos que tratamos de evitar a toda costa a los demás para impedir que nos duelan a nosotros mismos; los evitamos por instinto de supervivencia, porque si no lo hiciéramos, una parte de nosotros moriría.
Y hay sufrimientos que nadie supo quitarlos y que arrastramos porque tampoco supimos librarnos de ellos, porque no sabemos… esos son los peores, pues son la causa de que hagamos sufrir a los demás.

Evitar el sufrimiento ajeno nos puedo causar tanto bienestar como evitárnoslo a nosotros mismos. Aunque a veces las cosas sencillamente ocurren y en un instante pasamos del mas profundo sufrimiento al bienestar más grande. O del placer más esperado al dolor más inexplicable y nos sorprendemos de sentir dolor justo cuando nos creíamos inmunes a él. O nos negamos a sentirlo porque queremos ser felices y que el mundo entero lo sepa. O nos equivocamos haciendo daño a quien más queremos, por evitarle un dolor a quien en realidad no conocemos.

Cuando hemos probado el placer, siempre lo preferimos al sufrimiento, y siempre hacemos lo posible por volver a senrtirlo aunque no nos dejen, aunque pensemos que nadie quiere compartirlo con nosotros.
Buscamos desesperadamente el bienestar cuando el dolor se vuelve inevitable, o nos regodeamos en el dolor para poder convertirlo en placer,

Lo cierto es que siempre estamos a tiempo de escoger disfrutar antes que sufrir. Siempre estamos a tiempo de ser felices antes que sufrir,  porque la felicidad es el elixir q nos hace eternamente jóvenes.

M.I.R.

Acabo de llegar a casa, y cuando venía de camino conduciendo me han venido a la cabeza un montón de pensamientos.

Recorriendo la calle principal de la ya mini ciudad donde pasé mi infancia y juventud, recordaba tantos momentos con gente a la que ya ni veo, pero que aún siguen ocupando una parte de mi corazón. El grupo de amigos con los que entrabas y salías, lo que tus padres te permitían claro, lugares que han sido testigos de muchos momentos, el primer amor, el mar con el que tanto he compartido, incluso ese pedacito de playa donde plantaba la toalla todos los días desde que tenía 7 años.

Conducía y escuchando algo de música me aparecía una sonrisa en la cara, y recordaba con cariño todo aquello. Benditos veranos aquellos…

Y además de todo esto…venía fijándome durante el camino, la cantidad de banderas españolas que hay colgadas en las casas, en los bares, en las terrazas, en los coches… Se podría decir que en España estos días sólo existe un color: el rojo.

Pero yendo más allá de eso, pensaba que muchas veces se critica (y con mucha lógica), las cantidades de dinero desmesurado que mueve el deporte, especialmente el fútbol; pero quizás, sería bueno pensar también, en todo el sentimiento que mueve. Porque si hemos conseguido que a través del fútbol se hayan unido muchas ciudades y pueblos, sin distinción de nada, creo que ya ha merecido la pena.

Quien me conozca sabe que me encanta el fútbol y que en estas semanas estoy difrutando como una enana viendo los partidos de la selección. Pero se disfruta mucho más, viendo a andaluces, gallegos, madrileños, valencianos, catalanes, extremeños…disfrutando con una misma cosa, unidos.  Y por qué no decirlo…da alegría que tu equipo juegue tan bien y que se le reconozca desde tantas partes del mundo.

Me reía el otro día, cuando mi jefe, que es argentino, me contaba que sus sobrinos estaban viviendo a España como si fuera la propia Argentina…y me reía porque otros puede que no, pero para los Argentinos, la blanquiazul es mucho…y ver que se han hecho medio españoles…es gracioso.

En definitiva lo que quería compartir con vosotros es que la vida está llena de buenos momentos, de recuerdos maravillosos, y de emociones vibrantes, como puede ser un simple partido de fútbol.

Ganemos o perdamos mañana en la final, creo que ya somos campeones.

Muchas veces me he planteado la misma pregunta: “¿Quién soy yo para que Dios me haya amado?”
Y eso resuena una y otra vez, y entonces me doy cuenta de lo afortunada que soy, y de las maravillas que pone Dios en mi vida.
Esta canción llegó a mí hace ya muchos años, sin embargo, cada vez que la escucho…se remueve algo en mí… TAN PEQUEÑA, Y TAN AMADA.

boomp3.com

¿QUIEN SOY YO?

No sé cómo pero tengo esperanza,
no sé cómo pero sé que soy feliz.
He tratado tantas veces de encontrar una razón
que justifique el porqué de tanto amor.
No sé como pero sé que soy distinto,
no sé como pero Él me transformó.
Y no fue mi propio esfuerzo
lo que me hizo ver la luz,
fue Su sangre derramada en la cruz.

Otra vez ante Ti, en humilde oración,
ni siquiera me contestes, solo mírame Señor,
ya no sé qué pensar, no sé cómo expresar
el temor y el asombro que hay en mi.
Todavía no lo sé, no me has dicho aún
qué fue lo que viste en mí para quererme.
Y es que no entiendo la razón
de tanto amor derrochado.
¿Quién soy yo para que Tú me hayas amado?

No sé cómo pero hay gozo en mi alma,
no sé cómo pero Tú me has dado paz.
Y soy libre como el sol, como la luna, como el mar,
nada puede detener Tu libertad.
Ya no intento comprender esta locura,
palpitando al son del sol y de la luna.
Solo puedo darte gracias, repetírtelo otra vez,
toma el agradecimiento de mi ser.

Ordenando y haciendo un poco de limpieza en la biblioteca del centro donde trabajo, encontré un libro que me hizo especial ilusión, porque siempre me han encantado esos pequeños monigotes, que a mí tanto me transmiten.

El libro narra, a través de estas imágenes, la historia interior de un sí a la llamada de Dios. Una llamada a la que todos estamos invitados. Las páginas de este libro nos invitan a “sonreir y a aprender”.
Echándole un vistazo al libro, he de decir que me han encantado todo, pero especialmente esta parte que os pongo a continuación  que está dedicado especialmente a un amigo.

Hoy ha llegado a mi correo, la edición impresa de la carta que publica la Comunidad de Taizé cada tres meses. Echándole un vistazo, he visto un artículo que me ha gustado mucho. No está aún publicado en la web,o por lo menos yo no lo he visto, así que os lo dejo aquí.

Merece la pena leerlo, y pensar…hasta qué punto somos nosotros capaces de perdonar…y si lo hacemos, ¿olvidamos o se nos queda guardado algo de resquemor? ¿Cómo perdonar como perdonó Jesús en la cruz? El gran reto del cristiano. Amar hasta el extremo.

¿Perdonar significa olvidar?

Hay heridas que no olvidamos. En algunas situaciones trágicas, el camino hacia la curación parece pasar por una toma de conciencia de la profundidad del mal más que por el olvido. No evacuamos el mal- permanece de todos modos-, pero se encuentra ante nosotros para, poco a poco, hundirse en el amor y transformarse. Si el Antiguo Testamento habla de la ira de Dios, es porque Dios siente dolor y su amor hacia Israel se encuentra herido por las infidelidades de su pueblo.

Ahora bien, lo más extraordinario de la historia bíblica- es el descubrimiento de los profetas- reside en el hecho de que, por amor, Dios va más allá de su propia ira: “Mi pueblo está aferrado a su infidelidad (…)” El corazón me da un vuelco, todas mis entrañas se estremecen. No me dejaré llevar por mi gran ira, (…) porque yo soy Dios, no un hombre(…)” (Oseas 11, 7- 9). Para quien perdona, el perdón es un combate contra su propia ira. El ardor ya no conduce a una reacción violenta, sino a un desgarro interior: sacrificar su espera de justicia para dar un paso hacia aquel que pecó.

El profeta Isaías va más lejos, describiendo un misterioso personaje bajo los rasgos de un siervo sufriente: “Abrumado de dolores y habituado al sufrimiento, (…) lo despreciamos y lo estimamos en nada. Sin embargo, él llevaba nuestros sufrimientos, soportaba nuestros dolores. (…) Con sus heridas nos salvó” (Isaías 53, 4-5).

Los cristianos pueden reconocer en este texto una anticipación de la vida ofrecida de Jesús. La paciencia de Jesús respecto a sus adversarios, su pasión en Jerusalén hacen pensar que no huyó del sufrimiento ni de la gente que intentaba atraparlo. En vez de endurecerse ante los ataques, acogió realmente lo que se presentaba ante él sin previsión ni segundas intenciones. Si pudo decir en la cruz: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lucas 23, 34), es porque fue hasta el extremo de la apertura del amor y consintió ser herido por la propia mano de quienes él amaba.

La cruz, en este sentido, toma una dimensión existencial a la cual todos nos enfrentamos, incluso los no creyentes: sólo nos hacen sufrir verdaderamente aquellos a quienes amamos. Que mi enemigo me haga sufrir, es algo obvio, ¿pero cómo podemos consentir sufrir de la mano de mi amigo (véase Salmo 55, 13- 15)? Cada relación de amor deja una puerta abierta a la vulnerabilidad, es decir, a la posibilidad de ser herido. Recordarlo, no huir de la vulnerabilidad, significa prepararse ya para el perdón.

Profundizando la Palabra- Carta de Taizé- nº 259

El silencio del Sábado Santo aprieta el corazón porque está hecho de todas las cuestiones sin respuestas, de todos los misterios de nuestras vidas humanas que no hallan aún la solución de Dios.
Pero la fe, por encima de todo, se mantiene y permanece. La fe es una firme confianza acerca de las cosas que aún no vemos.

El Sábado Santo no es ausencia. Es presencia en los abismos. El credo de la Iglesia dice: “Cristo descendió de los infiernos”.
¿Cuál es esa buena noticia? Los abismos han sido visitados. De descenso en descenso, Cristo ha visitado todo:
” Descendió de los cielos, se encarnó en la virgen María. Descendió bajo tierra. Descendió a los infiernos.”

Y tanto es así que al hombre fuiste a decir: “Desde el fondo del abismo te invoco, oh Eterno”. ¿Qué es el infierno sino el presente? El presente sobre toda la tierra. Desde el norte hasta el sur; al este como al oeste, el mismo grito “desde el fondo del abismo”.

La buena noticia de este día es la proximidad, la participación. Cristo fue a predicar a los espíritus cautivos. De norte a sur, de este a oeste. ¡Qué realidad sobrecogedora!

¿Qué es el infierno? Es el abismo que se abre a más en nuestros propios corazones. Y la buena noticia es que Cristo puede habitar hasta en las zonas más insoportables de nosotros mismos.
El Sábado Santo no es el día de la nada, sino el día que llega hasta lo profundo.: Cristo viene.

Dejemos que el alba alcance la tierra de nuestros corazones. Hagámosnos silencio y profundidad.

NADA ESTÁ PERDIDO. Alguien viene a encontrarnos en el abismo.
¡Oh tierra, he aquí tu respiro.
Oh corazón, he aquí tu huésped.
Amén!

Soeur Myriam- Diaconesse de Revilly

 

La esperanza confiada en que Cristo ascenderá de nuevo a la vida…la soledad del Sábado Santo se convierte en espera; en mirada mezcla de lágrimas de pena y alegría; en corazón que vibra con el momento deseado, en corazón agradecida por tanto amor desprendido, por tanta gratuidad regalada…el silencio largo del Sábado Santo espera llegar a la aurora con la gracia de Aquel que se hizo Hombre entre los hombres, que hizo Vida de la Muerte…

El Sábado Santo no es sólo tristeza o silencio, es espera y fe. ¡FE!

A raíz de una entrada en el blog de Álex, sobre las opciones que debemos tomar a lo largo de nuestra vida, he descubierto en el blog de otro amigo, un cuentecillo que me ha gustado mucho.

MIEDO A DECIDIRSE

«Una vez pude observar cómo una niña pequeña sufría al tener que escoger entre dos muñecas en una tienda de juguetes. Su madre le había dicho bien claro: “Una de las dos; la que tú escojas”. eso comenzaba por crearle a la niña un problema de lógica. Los niños no entienden fácilmente la construcción disyuntiva. Entienden perfectamente “los dos” o “ninguno de los dos”, pero “uno u otro” no les entra fácil. Esa misma dificultad lingüística puede muy bien que sea resultado y reflejo de la resistencia escoger, a tener que dejar algo, con que todos nacemos. Aquella niña puso en acción lo de “ambas muñecas” cogiendo una debajo de cada brazo y demostrando así convincentemente que podía llevarse las dos; y cuando su madre la paró con un gesto que no dejaba lugar a dudas, ella puso en acción “ninguna de las dos”, dejándolas caer al suelo y saliendo solemnemente de la tienda con cara de mujer ofendida. Cuando su madre volvió a pararla y le explicó pacientemente que mejor era una muñeca que ninguna, la niña se volvió resignada y cogió por fin una de las dos. Se la envolvieron, se la entregaron y se la llevó abrazada contra el pecho. Al marcharse se volvió a mirar por última vez a la muñeca que se quedaba abandonada en la tienda, y se me antojó ver un destello de pena y remordimiento en la mirada de la niña que se separaba de la muñeca que quedaba atrás. Su madre la tomó de la mano, y estaban ya saliendo de la tienda cuando la pequeña hizo algo tan inesperado como bello. Se desprendió de la mano de su madre, volvió corriendo al mostrador donde aún estaba la muñeca segundona en la resignación de su abandono, le dio un beso y volvió corriendo a cogerse de la mano de su madre. En aquel beso estaba todo el dolor, la pena, la impotencia y la agonía de la opción imposible. Una pequeña niña encantadora comenzaba a aprender lo difícil que es escoger».

Ayer llegó a mis manos este texto que me hizo plantearme muchas cosas. Para que el pasado no sólo se quede en un simple recuerdo o en la añoranza de lo que tuvimos, sino para que nos ayude a cargar nuestra maleta de nombres, momentos, ilusiones, esperanzas…y a vivir el camino que el futuro nos depara.

Mi equipaje se llena en este momento de rostros, de momentos felices, de lágrimas, de agradecimiento, de experiencias, de llenarme de todo lo que se me regala, de ilusiones, de descubrimientos, de Dios y de tí. Gracias por formar parte de mi equipaje.

Te invito a leer despacio estas palabras; a dibujar en tu mente y en tu corazón esos recuerdos que forman la vida que hoy tienes, a descubrir y formular tu equipaje, tus momentos, tu gente, tus experiencias…

Hay días en que miro atrás y descubro que voy acumulando recuerdos. Y si esto pasa cuando uno es joven, qué no será a los ochenta… Supongo que en cierta medida empezamos a ser adultos cuando podemos mirar atrás, y vamos teniendo memorias; empezamos a sentir que hay heridas (unas bien cicatrizadas, otras que aún escuecen); que hay situaciones divertidas que, al evocarse, no pueden menos que suscitar una sonrisa; que hay rostros que en algún momento fueron tan cercanos y ahora se desdibujan un poco, pero aún me hacen vibrar. Entonces palabras como gratitud, arrepentimiento, olvido, nostalgia, madurez, historia, empiezan a cobrar sentido…

Es hermoso este tiempo en el que los recuerdos aún no pesan, pero ya son reales. Es muy hermoso el saber que uno va cargando las “maletas” con un equipaje que incluye nombres, abrazos, errores, lecciones, perdones, fracasos y éxitos, caricias, opciones, luchas, oraciones, dudas, pequeñas historias que va entretejiendo una historia grande. Es hermosos saber que en mi vida hay todavía tanto por escribir, y al tiempo empieza a haber algo ya escrito, que me convierte en quien soy, una persona única, distinta, especial, con mis virtudes y mis defectos, mis manías y mis encantos, parte de mi mundo grande.

La vida es tan rápida… Cada cosa, cada imagen, cada palabra, es fugaz, presente, efímera. La moda cambia. Las imágenes se van. Hoy se vende una cosa y mañana otra. Hoy es actual un personaje que mañana está en el olvido. Por eso es muy importante para cada uno saber qué permanece en su vida: quiénes son “tus gentes”, esos nombres que da igual dónde estés, sabes que son parte de ti. Esas personas con quienes te unen vínculos fuertes. Y es importante no olvidar los caminos recorridos; los momentos en los que has sido feliz, sin trabas, sin nubes en el horizonte, los momentos en que has reído con ganas, con franqueza; y los momentos en los que has llorado, por las cosas que te importaban; es importante aprender de los errores que has cometido, y si has hecho daño a alguien. Las heridas que has infligido y las que te han marcado a ti. Todo eso es parte de ti.

La memoria no ha de ser una losa que nos llene de tristezas o nos ancle en el pasado. Es parte (sólo parte) de quién soy hoy. Es comprensible acarrear un poco de nostalgia, si nos recuerda que en nuestra vida ha habido algo bueno, pero no si nos lleva a sumirnos en llanto por lo que ya no está. El pasado está ahí para hacerme fuerte, no inútil. Para hacerme libre, no esclavo. Para darme vida en los momentos de fatiga. Para mostrarme un horizonte que se abre siempre hacia el futuro. Para recordarme que los caminos no se detienen, no todavía. Que los caminos se entrecruzan, se separan, serpentean, y me descubren siempre nuevas sorpresas, nuevos caminantes, obstáculos y recodos, lugares confortables donde descansar, que hay jornadas de cansancio y otras de reposo, que hay tormentas y luego sol. Y allá sigo, caminando, con mi equipaje ligero pero valioso, con tantos nombres que se siguen uniendo al mío.

SAL- Pedro Javier Hermosilla- mp3

Dame tu tristeza, que yo la lloraré,
arranca la pintura que sobra en tu pared y se irán,
se irán las manos que te quieren atar
se irán los años llenos de soledad
se irán las horas que no quieren cambiar
se irán las voces en el cuarto de atrás,
sal,
Sal a la calle, el mundo se abrirá,
sal, devuélvete las ganas de amar
sal, regálate otra vez la vida,
sal.

Dame tu silencio que yo lo gritaré,
saca tu dulzura del molde de tu piel y se irán,

se irán las manos que te quieren atar
se irán los años llenos de soledad
se irán las horas que no quieren cambiar
se irán las voces en el cuarto de atrás,
sal,
Sal a la calle, el mundo se abrirá,
sal, vivir es mucho más que respirar
sal, regálate otra vez la vida,
sal.
Quiérete para querer
y todo lo que te hunde se irá
se irán…

Todos los años desde 1974, a finales de año, el prior de la Comunidad de Taizé escribe una carta dirigida a los jóvenes, que se empieza a trabajar en el Encuentro Europeo de fin de año y durante todo los encuentros en Taizé.

Este año el H. Alois escribió la carta a partir del Encuentro de Cochabamba que se celebró en Bolivia a comienzos del mes de Octubre. En ella nos invita a una reconciliación, a buscar y mostrar con nuestras vidas caminos de confianza, a ser capaces de perdonar de corazón, de dar la vida como Jesús la dio, a permanecer al lado del que lo necesita, a ser signo vivo de esa comunión…

El Evangelio nos invita a dar el primer paso para ir hacia el otro sin estar seguros con antelación de una reciprocidad.
En ciertas situaciones, en particular después de rupturas afectivas, la reconciliación puede parecer inalcanzable. Sepamos entonces que el deseo de una reconciliación es ya su comienzo. Cristo toma sobre sí lo que parece sin salida y nosotros podemos confiarle eso que necesita una curación.

(…)

¿Iremos hasta el perdón? ¿Hay otro modo de interrumpir la cadena que hace perdurar las humillaciones? No se trata de olvidar un pasado doloroso, ni de estar ciegos ante situaciones actuales de injusticia. Pero el Evangelio nos llama a superar por el perdón la memoria de las heridas e incluso a ir más allá de nuestra espera de un gesto recíproco. Allí encontramos la libertad de los hijos de Dios. Sí, quisiéramos luchar con un corazón reconciliado, ser buscadores apasionados de comunión, capaces de ensanchar a todos nuestra amistad.

Si quieres leer completa esta carta o descargártela, puedes hacerlo desde la página de Taizé o directamente desde aquí.

Carta de Taizé 2008- Carta de Cochabamba

Porque muchas veces olvidamos que el que está a nuestro lado es nuestro hermano, y es precioso a los ojos de Dios.

Cuando un hombre consigue un hermano,
el cielo se abre sobre la tierra.
Cuando dos o tres se unen
sobre la tierra para implorar al Padre,
el cielo los circunda
y se despliega sobre su súplica…
“Vamos a ver si es cierto que le amamos,
vamos a mirarnos por dentro un poco.
Hay cosas colgadas que a Él le lastiman,
freguemos el suelo y abramos las puertas
que salgan las lagartijas y entren luces.
Borremos los nombres de la lista negra,
coloquemos a nuestros enemigos
encima de la cómoda,
invitémosle a sopa.
Toquemos las flautas de los tontos,
de los sencillos,
que Dios se encuentre a gusto si baja”

Gloria Fuertes

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