Poema


El mar,

Pequeña y gran maravilla del mundo,

Lleno de tesoros y de milagros.

Silencio que habita,

Profundidad que interpela,

Marea que sube y baja

Al compás de la brisa marina…

Regalo que Tú me ofreces,

Que pones en mi mirada,

Que me calma, me serena,

Me da vida…

Mar que me devuelve a mi camino,

Que me recuerda, que Tú, Señor,

Caminas conmigo.

 

Porque muchas veces olvidamos que el que está a nuestro lado es nuestro hermano, y es precioso a los ojos de Dios.

Cuando un hombre consigue un hermano,
el cielo se abre sobre la tierra.
Cuando dos o tres se unen
sobre la tierra para implorar al Padre,
el cielo los circunda
y se despliega sobre su súplica…
“Vamos a ver si es cierto que le amamos,
vamos a mirarnos por dentro un poco.
Hay cosas colgadas que a Él le lastiman,
freguemos el suelo y abramos las puertas
que salgan las lagartijas y entren luces.
Borremos los nombres de la lista negra,
coloquemos a nuestros enemigos
encima de la cómoda,
invitémosle a sopa.
Toquemos las flautas de los tontos,
de los sencillos,
que Dios se encuentre a gusto si baja”

Gloria Fuertes

Pensando un poco en que este fin de semana me voy de Ejercicios Espirituales, recordaba ahora un poema de Lope de Vega, que escuché por primera vez ya hace bastantes años, de la boca de un jesuíta, Javier Repuyés. Desde ese momentono sólo se me quedó grabado, sino que me acompaña en mi Biblia, y ahora quiero compartir contigo.

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras?

 

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas duras!

 

¡Cuántas veces el ángel me decía:
‘Alma, asómate ahora a la ventana;
verás con cuanto amor llamar porfía!’

 

¡Y cuántas, hermosura soberana,
‘Mañana le abriremos’, respondía,
para lo mismo responder mañana!

Lope de Vega