Pensando un poco en que este fin de semana me voy de Ejercicios Espirituales, recordaba ahora un poema de Lope de Vega, que escuché por primera vez ya hace bastantes años, de la boca de un jesuíta, Javier Repuyés. Desde ese momentono sólo se me quedó grabado, sino que me acompaña en mi Biblia, y ahora quiero compartir contigo.
¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras?
¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas duras!
¡Cuántas veces el ángel me decía:
‘Alma, asómate ahora a la ventana;
verás con cuanto amor llamar porfía!’
¡Y cuántas, hermosura soberana,
‘Mañana le abriremos’, respondía,
para lo mismo responder mañana!
Lope de Vega