Nunca he querido creer al 100% esa frase, porque creo que no es del todo cierta. He vivido muchas separaciones a lo largo de mi vida, y algunas de ellas, es posible que las haya olvidado, pero no por la distancia en sí, sino porque no las he cuidado, ni yo, ni las otras personas.
Sin embargo, en otras muchas ocasiones, la distancia ha propiciado una amistad mucho mayor, un crecimiento personal, un mayor acercamiento, porque la distancia te hace valorar las cosas más importantes, lo esencial. Y con pequeños gestos, te haces presente en la vida de la otra persona, a pesar de estar a miles de kilómetros. Porque las experiencias intensas, los momentos vividos, no se olvidan sin más. Cuando alguien aparece en tu vida, y toca tu corazón, cuando vives momentos especiales que te marcan para siempre, entonces, por mucha distancia que haya, nunca triunfará el olvido.
¿Acaso olvida una madre a su hijo? ¿Olvida un hijo a su padre que ha muerto? ¿O un enamorado a su amada que está lejos?
Y me viene a la cabeza el pasaje de Isaías:
-¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque esas llegasen a olvidar, yo no te olvido. Míralo, en las palmas de mis manos te tengo tatuado, tú estás ante mí perpetuamente.
Porque al fin y al cabo, para que haya olvido, no tiene que haber necesariamente distancia…¡qué desconocidos pueden llegar a ser dos personas que se sientan juntas todos los días!o dos que creyendo ser uno, no llegan ni a la mitad…
Es verdad que a veces a uno le asalta el miedo a separarse temporalmente de alguien, porque cabe la posibilidad de que el otro se olvide de tí, o se de cuenta de algo que antes no veía…. pero también puede que esa separación, esa distancia, sirva para darse cuenta de todo lo contrario…
Si de algo estoy convencida es de que si las relaciones se cuidan, si permaneces ahí, a pesar de los kilómetros, si dentro de tí ese alguien está presente, si no renuncias a él, si nacen de tí unas letras de vez en cuando, si suena el móvil, si hay pequeños detalles que alimentan la relación,si… estoy convencida, porque lo sé, que la distancia no hará el olvido.
En mí resuenan ahora, muchos nombres y muchos rostros, a miles de kilómetros, que siguen muy presente en mi vida y con los que estoy convencida, que, en algún momento, volveré a encontrarme.
No sé dónde, ni cuándo, ni cómo, pero estoy convencida que llegará.
Uno queriendo ser dos- Noa
Mayo 29, 2009 at 10:41 am
Ne ha recordado a este artículo de una amiga en PASTORAL SJ: (http://www.pastoralsj.org/secciones/colaboraciones.asp?id=197)
Cerca y lejos
Ambos términos son sencillos de describir físicamente. Las distancias o no-distancias materiales son fácilmente medibles. Incluso Coco, en Barrio Sésamo, dedicaba parte de su tiempo a hacernos caer en la cuenta de cómo distinguirlos: “ahora estoy cerca,… ¡¡¡y ahora estoy lejos!!!” Cuando hablamos de cercanía, cuando hablamos de lejanía, nos tomamos a nosotros mismos como referencia, nuestro espacio, nuestro cuerpo,…
La experiencia es la que nos revela la complejidad que encierran palabras tan comunes, sobre todo cuando se refieren a distancias entre un tú y un yo, entre nosotros y vosotros, entre el Norte y el Sur y sus gentes,… más allá del aquí o el allí. Inevitablemente encuentro contradicciones entre las definiciones del diccionario y el día a día de las relaciones.
Y es que no deja de sorprenderme lo cerca que me siento de aquello que, a miles de kilómetros me sedujo el corazón,… Me resulta contradictorio que me inviten a alejarme de mí para de nuevo reencontrarme más cerca que nunca. Incluso Dios mismo me propone salir de mi tierra para hallar la felicidad,… Pero entonces, ¿será felicidad de cerca o de lejos?
Esto me lleva a pensar que no está lejos lo que no está al alcance de la mano, sino lo que no está al alcance de la voluntad, del deseo. Podemos sentirnos lejos de nosotros mismos, aunque no podamos evitarnos; podemos sentirnos lejos de los otros, aunque nos rocemos y hasta nos choquemos; podemos sentirnos lejos de Dios por el mero hecho de no querer reconocerle al girar cada esquina.
Entiendo lejanía como indiferencia, frialdad, negación,… Me alejan las prisas, me aleja el miedo, la pereza, la desconfianza,… Me acerca el cariño.
Bendita cercanía de las cartas del extranjero, de la vida entregada en crónicas, del recuerdo en la distancia, del sofá y de la butaca, y del deseo de encontrarse. Bendita contradicción…
Julio 11, 2009 at 12:22 pm
“Locuela”, ¡mira cuando entro en tu blog!…
La distancia hace el olvido cuando lo vivido no se ha convertido en experiencia, si es experiencia “no se olvida”, xq la experiencia marca y … comparto contigo plenamente que si las relaciones se cuidan, si permaneces ahí, a pesar de los kilómetros, si dentro de tí ese alguien está presente, si no renuncias a él, si nacen de tí unas letras de vez en cuando, si suena el móvil, si hay pequeños detalles que alimentan la relación,si… estoy convencida, porque lo sé, que la distancia no hará el olvido porque todo ello es experiencia vivida que toca lo más hondo de tí, dónde radica Él, el lugar del verdadero amor… Yo tb tengo tantos nombres en el cuore y ¡cuánto se pierden los que llenan sus vidas más de tareas que de rostros! -aunque la tarea vivida “con” tb da sentido a esa experiencia de encuentro-. A veces pienso y ¿? al Jefe ¿cabrán más gente? porque las relaciones hay que cuidarlas -convencida- y con algunas personas cuando aparecen en el camino notas que hay empatía, hay algo… eso se percibe, lo expresas con los gestos que sabes y no importa la respuesta, yo gozo con sentir que esa persona está ahi, es importante para mí y me empuja a dar lo mejor de mí misma, aunque también ¡como te comprometes..! ¿me entiendes?
Bueno que ánimo y a seguir dando gratis lo que gratis se nos da…
Hay gente de 20 años que no he vuelto a ver y ¡ahí están! con la misma fuerza, ¿las volveré a ver? no se, la estoy viendo cuando la recuerdo…