Dedicado a todas esas personas que se nos quedan en los arcenes de las calles, en la invisibilidad de la sociedad, a aquellos que son llamados el “cuarto mundo”. A ellos, y a todos los que cuidan y trabajan y ponen sus manos disponibles para que ellos no sientan su vida en soledad. A ellos, GRACIAS.

Algunos los llaman la gente sin techo,
para otros no son más que el cuarto mundo.
Pobres, que en la calle los abandona.

Solo los corazónes que todavía recuerdan
el lenguaje de las estrellas

conocen la verdadera historia.

Sólo ellos saben que aquel día
sin saber por qué
comenzarón a caer ángeles del cielo,
ángeles de blancas vestiduras,
ángeles de blancos sueños
y blancas esperanzas.

Y sin saber por qué
cuando sus pies tocaban
las aceras de las calles
la hierba de los parques.

Olvidaban de donde venían
y tampoco sabían donde podían ir.

Algunos los llaman el cuarto mundo
sólo los corazones que todavía
recuerdan el lenguaje de las estrellas
saben que los ángeles duermen en las aceras.

Pedro Sosa

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Cayeron en las calles en un día gris
en los bancos del parque, su nube de papel

los charcos, las aceras, los portales,

al anochecer los vieron mirando un cielo
al que no pueden volver.

Sus alas se han caído y no recuerdan ya
de donde han venido y si hubo alguna vez
un paraíso distinto, una sonrisa o una taza de café

Y entre un mar zapatos y aceras
en su isla de cartón viajan lejos
tan lejos de su paraíso
tan cerca del infierno al que cayeron
y el frío congeló la esperanza
y el hambre hizo olvidar los olores
del mar y las flores en la noche.

Caminan por las calles, un mundo sin altura
no hay vértigo no hay miedo no hay donde caer
y mientras aborrecen el menú del hambre
tan cerca de la tierra el pan no sabe igual
caídos desde el cielo atados en el suelo.