Llevo varios días haciéndome una reflexión, que hoy me apetecía compartir en el blog.

Hay momentos claves en la vida, momentos en los que aparecen determinadas maravillosas personas, que no sólo te tiran del caballo, sino que luego te ayudan a levantarte.

Las primeras reacciones ante la caída siempre son de rabia y de culpabilidad hacia el otro, pero cuando te das cuenta que ese mismo que te ha tirado, te da la mano para ayudarte, en ese momento todo cambia.

Algo así me ha pasado a mi estos días. Alguien al que quiero bastante, me ha tirado literalmente por los suelos, la estructura de mi vida,  esas cosas que yo creía controladas, esas cosas que creía que hacía bien, y no era así. De pronto sientes que no tienes nada asegurado y que te tambaleas. Eso me ha ayudado a ponerme ante mi espejo, a sincerarme y a tratar de poner en orden mi vida.

Con esto que suena muy abstracto, sólo quiero hacer llegar la importancia de sincerarnos verdaderamente con nuestra realidad más profunda. Y si para ello te tienes que poner delante de ti y “desnudar” tu alma…si eso ayuda a vivir con coherencia y autenticidad…si ese dolor previo y esas lágrimas, hacen madurar y levantarte y caminar con más ganas aún… bendita sea esa caída y esa levantada.

Así que, a tí que me has abierto los ojos y tanto me enseñas siempre, GRACIAS.

Y a ti que puede que leas esto de casualidad, y puede que sin entender mucho… te animo a abrir los ojos de tu corazón y a vivir en autenticidad, y como dice Jesús en el Evangelio de este domingo: «levántate, coge la camilla y echa a andar»

Razones- Pedro Sosa