Seguro que muchos habréis tenido la sensación que yo tengo ahora mismo. Llegar de un corto o largo viaje, y descargar las miles de fotos de la cámara y descargarlas en el ordenador. Verlas miles de veces lo primeros días y luego acumularlas ahí. Y de pronto un día, te sientas delante del ordenador, y vuelves a ver , a revivir, a soñar, a ilusionarte, a llorar, a abrazar, a besar, a sonreir, a disfrutar… de todos esos maravillosos momentos que viviste con gente que sigue muy profundamente presente en tu corazón, que han marcado mucho, mucho en tu vida, y con las que al ver esas fotos se te saltan las lágrimas.

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Es lo que me acaba de pasar a mí. Revivir momentos con Patty, Águeda, Sofía, Samuel, Emilio, Edgar, Luciana, Silvia, Lali, Sergio, Dani (mi colombiano favoriato), Daiana, Pablo, Mery, Magno, Anita, Teresa, Laxmi, Herim, Verena, Chi Won, Piu…

Y de pronto siento como si los hubiera perdido a todos ellos, porque posiblemente no los volveré a ver, y echo de menos, y vuelvo a soñar con los momentos que compartí con ellos, y lloro… y me encantaría dar marcha atrás en el tiempo, y volver a vivir esos días llenos de magia.

Pero a la vez, descubro en mi vida actual, que ellos han marcado una gran parte de mí, que por muchos ellos, yo ahora soy lo que soy, y a pesar de la tristeza por su ausencia, siento que ellos han sido un gran regalo en mi vida, y me siento infinitamente agradecida por ello. Los quiero, y…sí, las fotos pueden hacerme recordar mucho, pero recordar con alegría y gratitud, la enorme suerte que es poder disfrutar del regalo de la amistad. Del don de la amistad que acompaña, sostiene, permanece, acepta, respeta, ayuda, ama…

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Gracias a todos ellos, a todos vosotros por ser parte de mi vida. Por aquellos maravillosos meses. Por habitar un rinconcito de mi corazón.

A algunos siempre les quedará París. A nosotros siempre nos quedará Taizé.