Durante el Encuentro Europeo de Taizé en Ginebra, después de las oraciones de mediodía, uno de los hermanos compartía unas cuantas palabras, a cerca de la lectura leída, y por la noche, era el H. Alois, el que se acercaba a todos los jóvenes de forma muy sencilla.

En dos entradas, os dejaré el comentario a las lecturas, y en la web de Taizé, podéis encontrar las palabras que dijo el H. Alois cada noche.

Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda.

Mt 5, 23- 24

En la oración común Dios nos acoge, dice Jesús. Quiere decir, estamos en presencia de Dios. Si te acuerdas que tu hermano tiene algo contra tí, deja todo y ve primero a reconciliarte.

La paz de la oración no nos anestesia; la Palabra de Jesús nos remueve. Ella nos anima incluso, a poder sobrepasar recuerdos difíciles. Si recuerdas que tu hermano tiene algo contra tí, la paz de la oración es para olvidarnos de las tensiones, conflictos o las situaciones de injusticias.

Un recuerdo difícil que puede venirnos en la oración puede ser, por ejemplo, una palabra o gesto que me han lastimado, puede ser también, que me de cuenta que soy yo la causa real o imaginaria, del sufrimiento de otra persona, que alguien tenga algo contra mí, como dice Jesús.

El Evangelio nos llama a atrevernos, poder mirar frente a frente esa situación. Para dar un primer paso hacia la reconciliación, no es necesario hacer largos preparativos. Jesús nos dice, incluso, que no es necesario primero presentar nuestra ofrenda. No es necesario terminar bien nuestra oración, sino que Él nos dice: deja ahí tu ofrenda y ve ahora, tal y como tú eres; puedes ir y reconciliarte con tu hermano.

Pero, ¿porqué esta urgencia de la reconciliación? ¿Porqué Jesús es tan categórico? Esto es porque Dios es paz. Buscar a Dios y buscar la paz es la misma cosa. Es por esto que el Evangelio nos llama a dar la prioridad de la reconciliación. Jesús nos llama a compremeternos y luchar con un corazón reconciliado.

Una última cosa para avanzar en el camino de la reconciliación: es preciso renunciar a hacerse preguntas, si quizá no sería el otro el que debería dar un primer paso.

Jesús no nos dice, intenta saber quién tenía la culpa o quién tenía razón. Jesús nos dice: Ve ahora, reconcíliate.

Porque es así que Dios también actúa con nosotros, sin poner condiciones; Él es quien primero viene a nuestro encuentro.

Ginebra- 29 de Diciembre de 2007