Durante los ejercicios que realicé el fin de semana pasado, me ha resonado mucho una frase: “Dejarme hacer”.
¡Cuántas veces nos creemos autosuficientes y pensamos que no necesitamos la ayuda de nadie, ni siquiera la de Dios…!Cuando las cosas no van muy bien, pero también cuando todo va estupendamente, es bueno dejarse hacer por Aquel que nos tiene tatuados en la palma de su mano(Is 49, 15-16) y que nos quiere como a la niña de sus ojos.
Desde ÉL todo será más fácil.