Espíritu Santo, tú soplas sobre lo que es frágil. Tú enciendes una llama de viva caridad y de amor que, en nuestro interior, permanece bajo la ceniza. E incluso los temores y las noches de nuestro corazón pueden llegar a ser por tí aurora de una vida nueva.

Oración de Taizé

Hoy ha llegado a mi correo, la edición impresa de la carta que publica la Comunidad de Taizé cada tres meses. Echándole un vistazo, he visto un artículo que me ha gustado mucho. No está aún publicado en la web,o por lo menos yo no lo he visto, así que os lo dejo aquí.

Merece la pena leerlo, y pensar…hasta qué punto somos nosotros capaces de perdonar…y si lo hacemos, ¿olvidamos o se nos queda guardado algo de resquemor? ¿Cómo perdonar como perdonó Jesús en la cruz? El gran reto del cristiano. Amar hasta el extremo.

¿Perdonar significa olvidar?

Hay heridas que no olvidamos. En algunas situaciones trágicas, el camino hacia la curación parece pasar por una toma de conciencia de la profundidad del mal más que por el olvido. No evacuamos el mal- permanece de todos modos-, pero se encuentra ante nosotros para, poco a poco, hundirse en el amor y transformarse. Si el Antiguo Testamento habla de la ira de Dios, es porque Dios siente dolor y su amor hacia Israel se encuentra herido por las infidelidades de su pueblo.

Ahora bien, lo más extraordinario de la historia bíblica- es el descubrimiento de los profetas- reside en el hecho de que, por amor, Dios va más allá de su propia ira: “Mi pueblo está aferrado a su infidelidad (…)” El corazón me da un vuelco, todas mis entrañas se estremecen. No me dejaré llevar por mi gran ira, (…) porque yo soy Dios, no un hombre(…)” (Oseas 11, 7- 9). Para quien perdona, el perdón es un combate contra su propia ira. El ardor ya no conduce a una reacción violenta, sino a un desgarro interior: sacrificar su espera de justicia para dar un paso hacia aquel que pecó.

El profeta Isaías va más lejos, describiendo un misterioso personaje bajo los rasgos de un siervo sufriente: “Abrumado de dolores y habituado al sufrimiento, (…) lo despreciamos y lo estimamos en nada. Sin embargo, él llevaba nuestros sufrimientos, soportaba nuestros dolores. (…) Con sus heridas nos salvó” (Isaías 53, 4-5).

Los cristianos pueden reconocer en este texto una anticipación de la vida ofrecida de Jesús. La paciencia de Jesús respecto a sus adversarios, su pasión en Jerusalén hacen pensar que no huyó del sufrimiento ni de la gente que intentaba atraparlo. En vez de endurecerse ante los ataques, acogió realmente lo que se presentaba ante él sin previsión ni segundas intenciones. Si pudo decir en la cruz: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lucas 23, 34), es porque fue hasta el extremo de la apertura del amor y consintió ser herido por la propia mano de quienes él amaba.

La cruz, en este sentido, toma una dimensión existencial a la cual todos nos enfrentamos, incluso los no creyentes: sólo nos hacen sufrir verdaderamente aquellos a quienes amamos. Que mi enemigo me haga sufrir, es algo obvio, ¿pero cómo podemos consentir sufrir de la mano de mi amigo (véase Salmo 55, 13- 15)? Cada relación de amor deja una puerta abierta a la vulnerabilidad, es decir, a la posibilidad de ser herido. Recordarlo, no huir de la vulnerabilidad, significa prepararse ya para el perdón.

Profundizando la Palabra- Carta de Taizé- nº 259

Hay momento en la vida en los que se sueña más especialmente…

¿Quién no ha soñado con algo así?…

NADIE SE VA A MARCHAR- Jaime Camil

Para que la vida no te pese tanto
hare una maleta con tus desencantos
y la mandare de viaje muy lejos
para que las penas no nublen en cielo
para que la risa te brille de nuevo
pintare las tardes de un azul intenso
y atare un rayo de sol en tu pelo
para que no temas al frio en invierno

para que explicarte
que te quiero tanto
y que no puedo verte llorar
dejame mostrarte
que la vida es buena
nunca es tarde para soñar
sabes que hoy me quedo
y mañana lo hago de nuevo
yo no me voy a marchar…

para que las dudas abran su camino
y tu corazon siga su destino
te dare una noche en el centro del mundo
para que disfrutes de cada segundo
para que del alma juntes los pedazos
construire tu casa dentro de mi abrazo
y nos quedaremos por noches y dias
sin que nos importe que traiga la vida

…para que explicarte
que te quiero tanto
y que no puedo verte llorar
dejame mostrarte
que la vida es buena
nunca es tarde para soñar
sabes que hoy me quedo
y mañana lo hago de nuevo
yo no me voy a marchar…

y la tormenta acabara
la luna subira…
y tu estaras conmigo…
conmigoo…

dejame mostrarte
que la vida es buena
y nunca es tarde para soñar
sabes que hoy me quedo
y mañana lo hago de nuevo
yo no me voy a marchar
nadie se va a marchar

El silencio del Sábado Santo aprieta el corazón porque está hecho de todas las cuestiones sin respuestas, de todos los misterios de nuestras vidas humanas que no hallan aún la solución de Dios.
Pero la fe, por encima de todo, se mantiene y permanece. La fe es una firme confianza acerca de las cosas que aún no vemos.

El Sábado Santo no es ausencia. Es presencia en los abismos. El credo de la Iglesia dice: “Cristo descendió de los infiernos”.
¿Cuál es esa buena noticia? Los abismos han sido visitados. De descenso en descenso, Cristo ha visitado todo:
” Descendió de los cielos, se encarnó en la virgen María. Descendió bajo tierra. Descendió a los infiernos.”

Y tanto es así que al hombre fuiste a decir: “Desde el fondo del abismo te invoco, oh Eterno”. ¿Qué es el infierno sino el presente? El presente sobre toda la tierra. Desde el norte hasta el sur; al este como al oeste, el mismo grito “desde el fondo del abismo”.

La buena noticia de este día es la proximidad, la participación. Cristo fue a predicar a los espíritus cautivos. De norte a sur, de este a oeste. ¡Qué realidad sobrecogedora!

¿Qué es el infierno? Es el abismo que se abre a más en nuestros propios corazones. Y la buena noticia es que Cristo puede habitar hasta en las zonas más insoportables de nosotros mismos.
El Sábado Santo no es el día de la nada, sino el día que llega hasta lo profundo.: Cristo viene.

Dejemos que el alba alcance la tierra de nuestros corazones. Hagámosnos silencio y profundidad.

NADA ESTÁ PERDIDO. Alguien viene a encontrarnos en el abismo.
¡Oh tierra, he aquí tu respiro.
Oh corazón, he aquí tu huésped.
Amén!

Soeur Myriam- Diaconesse de Revilly

 

La esperanza confiada en que Cristo ascenderá de nuevo a la vida…la soledad del Sábado Santo se convierte en espera; en mirada mezcla de lágrimas de pena y alegría; en corazón que vibra con el momento deseado, en corazón agradecida por tanto amor desprendido, por tanta gratuidad regalada…el silencio largo del Sábado Santo espera llegar a la aurora con la gracia de Aquel que se hizo Hombre entre los hombres, que hizo Vida de la Muerte…

El Sábado Santo no es sólo tristeza o silencio, es espera y fe. ¡FE!

Espíritu Santo,
por tu presencia en nosotros,
en este día Tú nos preparas
a percibir la compasión de Dios
y a comprender que
Dios puede solamente dar su amor.

H.Roger de Taizé

En la noche, en el tiempo de las confidencias, en una cena, “la que recrea y enamora”, Jesús abre su pecho, da su pecho, da su amor y lo reparte. “Allí nos dio su pecho”, dirá san Juan de la Cruz.  

Un poco de pan, un poco de vino… Lo de Jesús siempre fue pequeño. Un grano de mostaza, un poco de sal, una nube, la lluvia, una mujer que toca el manto de Jesús por detrás porque tenía vergüenza… Lo de Jesús siempre fue lo pequeño y los pequeños, los enfermos, los que sufren injusticia. Jesús tiene en las manos un pan y un poco de vida, tiene en sus manos la capacidad para entregar su vida para dar la vida al mundo.

Jesús había acariciado celebrar con los suyos una cena. ¡Cuánto lo había deseado! Antes de cargar con la cruz había soñado cenar con los suyos y decirles de nuevo el amor. Nada de lo que ocurre en esa noche de la Cena es improvisado; todo se ha preparado cuidadosamente en el corazón. La oración de vigilia de Jesús, en tantas noches de encuentro con el Abbá, ha ido preparando su corazón para partir el pan, su vida, y repartirlo.  

 

La vida no es meramente una serie de accidentes o coincidencias sin sentido, sino más bien, un tapiz de acontecimientos que culminan con un plan exquisito y sublime.

Serendipity

Canciones que te van marcando la vida…

CUANDO ME VAYA

Nunca pensé que llegaría
Nunca creí en ese momento
Te cambia la vida
Sin que tengas nada para seguirla…
Te cambia y no piensas
En lo que te olvidasY te despiertas un buen día
Lo ves todo al revés
Miras atrás ves tu camino
El que hicieron tus pies…Y mandas besos para todos
Los que volverás a ver
Tantos recuerdos enlatados
En fotos de carné
En lágrimas de ayer
En todos los momentos que a tu lado
Yo esperé…

Que cuando me vaya
No caiga una lágrima por mí
Que sólo quede la amistad…
Tantos sueños que recordar…

Que cuando me vaya
Y coja ese tren una vez más
Y ya no entre por mi ventana
Ese dulce olor a sal…

Que cuando me vaya… de aquí
De mi tierra, de mi gente
De mi tierra, la que me vió nacer
La que me vió crecer, la que me vió ganar
Y me enseñó a perder

Melocos

Vivir la Cuaresma, los cuarenta días, con los cuarenta países que están a la cola del desarrollo

40 días con los 40 últimos

Vía Marianistas.org

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